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¡Y vivan los muertos!: Madrid, la región de Europa con mayor exceso de mortalidad en el 2020

Domingo, 13 de febrero del 2022 (corregido el 14 de febrero)

Artículo de Virginia.

Según los datos oficiales de varias instituciones, la Comunidad de Madrid tuvo en el 2020 el mayor exceso de muertes de todas las regiones de la Unión Europea: un 44% más que las muertes esperables; durante el encierro, alrededor de un 200% más; además, la ciudad de Madrid fue la gran ciudad europea con el mayor exceso de mortalidad en la semana del pico de muertes, un 432,7% a finales de marzo. Estos datos coinciden con lo sucedido en regiones como Lombardía o Nueva York: la supuesta pandemia causó más daños en lugares de mayor movimiento de dinero y mejor dotados de recursos sanitarios. Esta distribución de los daños no cuadra con la propagación de un virus o una enfermedad concreta y sí con la distribución de la intensidad con la que se aplicaron las medidas sanitarias antivirus (entre ellas las intubaciones y las sedaciones). Y esas muertes que provocaron las medidas antivirus son las que sostienen la idea del enorme daño que el virus puede hacernos, que es la que justifica que haya que acabar con él al precio que sea. La mortífera campaña de vacunación universal que ahora mismo padecemos se basa en este primer gran ataque, que dejó a la población bien dispuesta a aguantar cualquier cosa por absurda y dañina que fuera.


  Que durante el encierro la Comunidad de Madrid fue, dentro de España, la que tuvo un mayor exceso de muertes lo sabíamos ya por los informes del Sistema de Vigilancia de la Mortalidad Diaria del Instituto de Salud Carlos III. Varios estudios habían mostrado además que el exceso de mortalidad en España fue de los peores del mundo (Contra el encierro, Muertes totales; Andrew Mather, «Covid-19 world mortality analysis - 4th July data»). Pues bien, en octubre del año pasado se publicó el «Barómetro regional y local anual de la UE. Resumen 2021» (presentación en este enlace), del Comité Europeo de las Naciones, donde se da cuenta de que, de todas las regiones de la Unión Europea,

«La Comunidad de Madrid fue la región que registró un mayor exceso porcentual de mortalidad [44%] en 2020 en comparación con la media de defunciones de los cuatro años anteriores»,

mientras que esa misma Comunidad de Madrid ni siquiera aparece en la lista de las regiones con un mayor «Número de casos confirmados de COVID-19».


Hay que tener en cuenta que el dato del 44% de exceso de mortalidad en Madrid corresponde a todo el año 2020. Pero las muertes no están igualmente distribuidas ni en todo el año ni en todo el territorio. El exceso de la ahora llamada primera ola el ISCIII lo calcula en un 189,2% para el periodo del 5/3/2020 al 9/5/2020 (a 18/1/2022; a 28/12/2021, lo calculaba en un 192,4%); la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, en un 220% para el periodo del 10/03/2020 al 8/5/2020 (a 2/8/2020). No es sólo lo alto que es el porcentaje: es que son dos meses, dos largos meses, de exceso de muertes.
  En un informe del Instituto Nacional de Estadística del Reino Unido de julio del 2020 («Comparisons of all-cause mortality between European countries and regions: January to June 2020»), se mostraba que la ciudad de Madrid había sido la gran ciudad europea con el mayor exceso de mortalidad en el pico de muertes del encierro, un 432,7% en la semana que acababa el 27 de marzo [1].
  Vayamos ahora a la distribución territorial. Por la prensa, los datos oficiales y lo que oímos aquí y allá quienes vivimos en esta desdichada «comunidad», sabemos que la mortalidad atribuida al covid durante el encierro no fue la misma en toda la región, ni en todas las zonas ni en todos los hospitales ni en todas las residencias de ancianos [2]. Como muchos ya han preguntado al ver que los países menos progresados sufrían menos las consecuencias de la pandemia: ¿qué virus es ése que no ataca igual en todos los sitios a los que llega, un virus que mata más en los países adinerados, y que luego, dentro de ellos, tira también más a las regiones de mayor movimiento de dinero (pues lo de los excesos de Madrid viene a coincidir con los de Nueva York o los de Lombardía, por ejemplo [1][3])? La explicación no puede ser ésa que se suele dar de la falta de recursos para diagnosticar y notificar en los países no desarrollados, porque: (a) no sólo tienen menos casos y muertes de covid, sino también menos exceso de muertes [3]; (b) entre los países desarrollados hay también grandes diferencias de casos y muertes, tanto por covid como en exceso, y no es de creer, por ejemplo, que los excesos de mortalidad en España fueran durante el encierro los mayores de Europa porque la contabilidad de estas cosas esté en España mucho más progresada; (c) la diferencias de casos y muertes covid y de los excesos de muerte en las distintas regiones de los mismos países progresados tampoco puede explicarse por diferencias en el diagnóstico y la notificación.
  Así que estamos ante un virus que mata más en los países y regiones de mayor movimiento de dinero. Aunque hay que hacer notar que una vez llegado a esas regiones, el virus abandona esa tendencia a seguir al dinero y adquiere otras preferencias en su propagación, siendo una de ellas la de atacar más a los menos adinerados: si en Nueva York dicen que esta forma de propagación se hacía evidente por el color de la piel, por aquí en cambio no se han aireado tanto esas diferencias, pero, en la Comunidad de Madrid, las residencias menos afectadas durante el encierro fueron sobre todo las de la sierra y algunas de la capital, y las zonas con más covid parece que fueron sobre todo algunas del Sur y el Corredor del Henares [4].
  De manera que el comportamiento del virus ha sido en estos casos exactamente el mismo que el del dinero: va adonde se mueve el dinero y tiende a perjudicar más a los que menos tienen. Pero ¡cuidado!, no vaya a entenderse esto en el sentido de que lo que hace falta es más dinero para los más «vulnerables», como gustan de repetir los concienciados. Al revés: el virus (y habrá que decirlo una vez más para quien aún no se haya percatado) es el dinero. Lo que mata es el dinero; son los chorros de dinero dedicados a la promoción de la pandemia y sus medidas los que han matado y siguen matando bajo nombre de covid y bajo otros nombres (por ejemplo: cuanto más dinero, más tés; cuantos más tés, más positivos; cuantos más positivos, más ingresados; cuantos más ingresados, más muertos y dañados). Y cuando esos chorros de dinero se lanzan contra la gente, hay una cierta tendencia (entre otras) a que la que más los sufra sea la más desadinerada, y cuanto más dinero se le dedique, más los sufrirá.

  Pero volvamos a nuestro dato: en el 2020, la Comunidad de Madrid tuvo el mayor exceso de muertes de todas las regiones de la Unión Europea: un 44% más que las muertes esperables; durante el encierro, alrededor de un 200% más; en la semana de más muertes, más del 400%. Sin que al mismo tiempo estos excesos los expliquen los datos de incidencia o mortalidad por el supuesto virus. Vendrán los creyentes en el virus y sus medidas a decirnos que es que los datos del virus están mal, y que hubo muchos casos que no entraron en la cuenta por falta de recursos para diagnosticarlos. Pero entonces, si diéramos por buena tal hipótesis, ¿por qué precisamente Madrid iba a tener más virus que el resto de la Unión Europea? No es posible explicar este primer puesto ni por la densidad de población, pues otras regiones de Europa la tienen mayor, ni por un mayor número de contactos entre la gente, pues el encierro español fue el más estricto de Europa y Madrid fue la primera región en establecer restricciones graves contra el virus [5], ni por tener Madrid más comunicación aérea, pues otras ciudades sin excesos de muerte notables la tienen igual o mayor [6]. En el informe completo del Eurobarómetro (p. 94) se reconoce que en Madrid, Castilla La Mancha y Castilla León, otras dos regiones españolas incluidas en el rankin de muertes en exceso, hay muchas residencias de ancianos, lo que se considera un factor que puede explicar una mayor mortalidad, aunque no se dice por qué. Otro dato escalofriante del covid español es que el porcentaje de muertes covid que se produjeron en residencias de ancianos (aproximadamente el 70%) fue, también, el más alto de Europa [7].
  ¿Y por qué iban a morir más los ancianos de las residencias, si es precisamente en ellas donde se intervino con medidas más estrictas y desde más pronto para que no se contagiaran? Quien siga creyendo que no fueron las medidas antivirus las que los mataron (y lisiaron) ¿cuántos ancianos más cree que habrían muerto de no ser por esas medidas? O ¿qué otras medidas, más estrictas aún, habría que haber tomado para que no murieran tantos? O ¿cómo se explica que precisamente en España, que precisamente en Madrid, murieran más que en otros lugares?
  Llegados a este punto, ya no sé si pensar que no es de extrañar la enorme fe en la pandemia que se gasta por estos lares, dado que el daño es uno de las medios de persuasión más poderosos que pueden utilizarse, o si todo lo contrario: que, habiendo padecido un daño tan grande, ya podían las gentes de este Madrid, y sobre todo los llamados «sanitarios», darse cuenta un poquito de que ese daño no era nada natural. En Nueva York sí hubo médicos y enfermeros que denunciaron lo que estaba pasando [8].
  Que ese daño no era nada natural lo confirma la siguiente frase del informe resumido del Eurobarómetro:

«En general, en 2020 fue más seguro vivir en el campo que en la ciudad. Los centros urbanos están mejor dotados en lo que respecta a la asistencia sanitaria, pero las regiones rurales registraron un menor exceso de mortalidad».

Lo único que está mal dicho en esta frase es el «pero»: en vez de «pero», debería decir «así que no es de extrañar que». Si es más seguro vivir en el campo y «los centros urbanos están mejor dotados en lo que respecta a la asistencia sanitaria», lo que cabe sospechar y numerosos otros datos confirman es que es más seguro vivir en una zona peor dotada en lo que respecta a la asistencia sanitaria, de lo que cabe deducir que la asistencia sanitaria es poco segura. Como el dato se refiere a los excesos de muerte, cabe decirlo sin rodeos: que la asistencia sanitaria mata a la gente.
  Como decía el doctor Paulo Costa en junio del 2020,

«Tal vez no haya sido la falta de cuidados intensivos, sino la intensidad con que se buscaron y proporcionaron los cuidados, especialmente en entornos institucionales, lo que catalizó la mortalidad atribuida al COVID-19 en algunas de las regiones más castigadas» («Mortalidad, confinamiento y síndrome de Estocolmo. Retazos de una pandemia», última página). [9]

  Y, sin embargo, esas muertes del encierro, cuya distribución no cuadra con la propagación de un virus o una enfermedad concreta y sí con la distribución de la intensidad con la que se aplicaron las medidas sanitarias antivirus (entre ellas las intubaciones y las sedaciones), esas muertes son las que sirvieron y siguen sirviendo como prueba de lo malo que es el bicho. Esas muertes que provocaron las medidas antivirus son las que sostienen la idea del enorme daño que el virus puede hacernos, y esa idea es la que justifica que haya que acabar con él al precio que sea. La mortífera campaña de vacunación universal que ahora mismo padecemos se basa en este primer gran ataque, que dejó a la gente bien dispuesta a aguantar cualquier cosa por absurda y dañina que fuera.

  Así que, volviendo a Madrid, la región europea con un mayor exceso de mortalidad en el 2020, no puede menos de venírsenos a la memoria el final del himno de tan avanzada metrópoli:

Y en medio del medio,
capital de la esencia y potencia,
garajes, museos,
estadios, semáforos, bancos,
y ¡vivan los muertos!,
Madrid, Metropol, ideal
del Dios del Progreso:
lo que pasa por ahí, todo pasa
en mí y por eso
funcionarios en mí y proletarios
y números, almas y masas
caen por su peso;
y yo soy todos y nadie,
político ensueño.
Y ése es mi anhelo,
que por algo se dice
«De Madrid, al cielo».



NOTAS

[1] En este informe las regiones que se consideran son más pequeñas que las del Eurobarómetro, y, teniéndolas todas en cuenta, tanto las grandes ciudades como las demás, la ciudad de Madrid ya no ocupa la primera posición, sino Bérgamo, con un exceso de un 847,7%. Entre las 20 regiones con mayor exceso de muertes, 9 son españolas, 7 italianas y 4 inglesas. Véase también M. V. Zunzunegui, «El exceso de mortalidad por covid-19 en las personas mayores que viven en las residencias de España: variaciones entre comunidades autónomas», Envejecimientoenred.es, 4/4/2021.

[2] Incluso en las distintas dependencias de los mismos hospitales ha habido grandes diferencias en la mortalidad atribuida al virus: véase, en la p. 30 de la Memoria 2020 del Hospital Universitario Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, la altísima letalidad de los pacientes covid ingresados en la Biblioteca (¡74,71%!), que había sido acondicionada, como otras zonas con unos resultados de letalidad menor, «como unidad de hospitalización con nuevas tomas de oxígeno y mobiliario necesario» (p. 29). Este hospital fue uno de los más afectados de la región: a 20 de marzo, «el que mayor carga de personas infectadas y de fallecidos tiene en relación a su capacidad»: https://www.dream-alcala.com/rodriguez-palacios-la-situacion-en-el-hospital-de-alcala-es-insostenible/. Y no se dice nada aquí de los pacientes que quedaron terriblemente lisiados.

[3] Véase Andrew Mather, «Covid-19 world mortality analysis - 4th July data» y «Peak fraud - 4th July data», especialmente pp. 53 s.

[4] «Cómo afecta el coronavirus a cada distrito y municipio de Madrid», El País, 6/4/2020; «Las residencias de Madrid golpeadas por el virus: el listado de los centros donde murieron 5.954 personas», El País, 28/7/2020.

[5] Véanse en este enlace los distintos comunicados, notas e instrucciones al respecto. Las medidas particulares de Madrid empiezan el 5 de marzo con recomendaciones generales, siguen el 6 con la suspensión de las actividades formativas de los centros sanitarios, el cierre de centros de mayores, el aumento de la plantilla de sanitarios; el 8 con atención telefónica a casos, restricciones en residencias añadidas a las nacionales; y ya el 9 se lanzan contra toda la población con el cierre de centros de enseñanza, implantación del teletrabajo, suspensión de atención médica, atención médica domiciliaria, recomendaciones de no viajar y no salir los vulnerables, planes sanitarios específicos, etc.

[6] En el informe completo del Eurobarómetro (p. 93), después de mencionar París, Madrid y Milán como grandes ciudades con mucho tráfico de aviones y muy afectadas por el virus, se anota que «no todas las ciudades con aeropuertos importantes tuvieron la misma suerte: Frankfurt, Roma y Nápoles no fueron puntos calientes a pesar de estar entre los 20 centros aéreos internacionales más importantes».

[7] Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades, «Surveillance of COVID-19 in long-term care facilities in the EU/EEA», 19/05/2020; informe de agosto de 2020 de Médicos Sin Fronteras, p. 70; en el informe de Amnistía Internacional de diciembre del 2020 se denuncia que los datos al respecto no están nada claros.

[8] Cameron Kyle-Sidell, Nicole Sirotek, Sara NP, Erin Marie Olszewski; cf. John Varoli, «New York's Covid calamity: The untold story of medical negligence», 4/1/2022.

[9] Es de temer que los afanes de las autoridades por eliminar toda desigualdad en lo relativo a la salud hayan acabado con la relativa seguridad de que se podía disfrutar en el campo en el primer gran ataque de esta guerra: en los EE.UU. al menos, según los datos de los CDC, la mortalidad en las zonas rurales se eleva después de la primera ola hasta igualarse con la de las zonas urbanas.



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