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Los culpables

Por Oarnado, 21 de julio del 2021.


Tú y yo somos los culpables, y siempre lo seremos; tenemos que ser los culpables para que no se desmonte el tinglao. Legislan e imponen con el fin de que paguemos por nuestras culpas: nos encierran, nos separan, nos tapan la boca, nos aterrorizan, nos pinchan venenos y nos matan porque somos culpables. Es la pena que se nos impone por ser culpables de haber cometido el mayor de los delitos: estar vivos.

Este bicho sólo es eso: tú y yo somos culpables de estar vivos y la pena de muerte debe caer sobre nosotros, no sin pasar antes por la pena de tortura. Y nada de ir juntitos, ni siquiera en esto de la culpabilidad: Tú tienes tu culpa y yo la mía, bien separadas: Yo te puedo matar a ti y tú a mí: Tú has de ser culpable a mis ojos y yo a los tuyos. Este es el genial planteamiento por el que no se le deja escapatoria ni a tu culpabilidad ni a la mía.

Que lleves trapo en la boca o no, que te dejes o no inyectar esperimentos, que hagas botellones o vayas a “locales de ocio nocturno”, que seas joven o viejo o niño, todo esto me parece a mí que cada vez va dando más lo mismo: Dicen que tú eres culpable por no llevar bozal, pero también dicen que lo soy yo por llevarlo mal puesto o por apartarlo un poquitín para darle un sorbito a la cerveza en un bar. Dicen que yo soy culpable por no dejarme pinchar, pero dicen a la misma vez que tú, inoculado, también eres culpable porque “los vacunados tienen que hacer el esfuerzo de no contagiar al resto”; como se muera tu marido y le pongan la etiqueta covi a su muerte, no te libras de la culpa por inyectado que estés. Dicen que tú eres culpable por ir de botellón; también soy yo culpable por ir a un “local de ocio nocturno”. Tú eres culpable por ser joven; yo lo soy por ser viejo.

Siempre nos van a acusar; a ti y a mí. Y poco importa que yo sea el más responsable y obediente a los mandatos y que tú seas el más desobediente e irresponsable. Ni te libras tú ni me libro yo del dedo acusador. Otra cosa es que, cuanto más obediente y responsable se sea (es decir, idiota y sumiso), claro que se premiará. Llámesele como se quiera a ese envenenado premio (pasaporte covi, verde, digital o su puta madre) pero... ¡ay del que lo consiga!, que se creerá que entra en el paraíso y lo que ha hecho es entrar, con pase de prioridad, por la puerta grande al matadero. Es lo que tiene la imbecilidad, ¡qué se le va a hacer!


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