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Edward Curtin: "Abrir la caja de Pandora de la CIA".

Artículo en Off-Guardian por Edward Curtin


"La CIA y los medios de comunicación forman parte de la misma conspiración criminal", escribió Douglas Valentine en su importante libro La CIA como Crimen Organizado.

Esto es cierto. Los principales medios de comunicación corporativos son taquígrafos de las continuas operaciones psicológicas de seguridad nacional dirigidas hacia el pueblo estadounidense, al igual que han hecho con el público internacional.

Llevamos mucho tiempo sometidos a esta "guerra de la información", cuyo propósito es ganarse los corazones y las mentes del pueblo estadounidense y pacificarlo para que sea víctima de su propia complicidad, al igual que antes lo practicó la CIA en Vietnam y el New York Times, la CBS, etc. lo usó con el pueblo estadounidense entonces, y después a lo largo de los años, cuando el aparato de guerra estadounidense libraba guerras interminables, golpes de estado, operaciones bajo bandera falsa y asesinatos en el país y en el estranjero.

Otra forma de espresar esto es decir que, a todos los efectos prácticos, cuando se trata de asuntos que tienen que ver con importantes cuestiones estranjeras y nacionales, la CIA y los principales medios de comunicación corporativos no se pueden distinguir.

Para aquellos que leen y estudian la historia, es sabido desde hace mucho tiempo que la CIA ha colocado a sus agentes en todas las agencias del gobierno de Estados Unidos, como esplica Fletcher Prouty en El equipo secreto; es sabido que los oficiales de la CIA Cord Myer y Frank Wisner llevaron a cabo programas secretos para conseguir que algunos de los más destacados esponentes de la libertad intelectual entre pensadores, periodistas y escritores, fueran sus voces para ir contra la libertad y a favor de la censura, como esplican Frances Stonor Saunders en The Cultural Cold War y Joel Whitney en Finks, entre otros; y es sabido que Cord Myer se centró especialmente en "cortejar a la Izquierda Compatible" y tuvo éssito en ello, ya que los derechistas ya estaban en el bolsillo de la Agencia.

Todo esto está documentado y no se discute. Es chocante sólo para aquellos que no hacen sus deberes y ven lo que está sucediendo hoy fuera de un amplio contesto histórico.

Con el auge de los medios de comunicación alternativos y una amplia gama de voces disidentes en Internet, el establishment se sintió amenazado y se puso a la defensiva. Por lo tanto, no debería sorprender que esos mismos medios corporativos de la élite estén ahora liderando el ataque para aumentar la censura y la negación de la libertad de espresión a aquellos que consideran peligrosos, ya sea que se trate de guerras, elecciones amañadas, golpes de estado estranjeros, COVID-19, vacunas o las mentiras de los propios medios corporativos.

Habiendo ya prohibido a los críticos escribir en sus páginas o hablar en sus pantallas, estos gigantes de los medios de comunicación quieren hacer que el acallamiento de las voces disidentes sea completo.

El otro día, el New York Times publicó este titular:

"Escluyen a Robert Kennedy Jr. de Instagram por falsas afirmaciones sobre los virus."

Nótese la falta de la palabra "presunto" antes de "falsas afirmaciones de virus". Esto es "culpable" por titular. Es una pieza perfecta de propaganda que se hace pasar por reportaje, ya que acusa a Kennedy, un hombre brillante y honorable, de falsedad y estupidez, justificando así la prohibición de Instagram, y es un incentivo para una mayor censura del Sr. Kennedy por parte de Facebook, la empresa matriz de Instagram.

Esa prohibición debería llegar pronto, como espera la reportera del Times Jennifer Jett, ya que escribe acusadoramente que RFK, Jr. "hace muchas de las mismas afirmaciones sin fundamento a más de 300.000 seguidores" en Facebook. Jett se aseguró de que su informe llegara también a msn.com y al Boston Globe.

Este es un ejemplo de la censura que se está llevando a cabo, y de la mucha, muchísima más que ha de venir. Lo que antes se hacía por omisión, ahora se hace abierta y descaradamente, vitoreado por quienes, en un acto de mala fe, afirman ser defensores de la Primera Enmienda y de la importancia del debate libre en una democracia. Nos estamos deslizando rápidamente hacia un orden social totalitario irreal.

Lo que me lleva al reciente trabajo de Glenn Greenwald y Matt Taibbi, quienes han denunciado con fuerza y razón esta censura. Según entiendo sus argumentos, son los siguientes.

En primer lugar, los medios de comunicación corporativos han dividido hoy el territorio y hablan sólo a sus propias audiencias en cámaras de eco: liberales a los liberales (léase: el "supuestamente" liberal Partido Demócrata), como el New York Times, NBC, etc., y conservadores a los conservadores (léase: el "supuestamente" conservador Donald Trump), como Fox News, Breitbart, etc.

Han abandonado el periodismo de la vieja escuela que, a pesar de sus defectos, implicaba la objetividad y la información de hechos y perspectivas dispares, pero dentro de unos límites. Desde la digitalización de las noticias, sus nuevos modelos de negocio están orientados a estas audiencias separadas ya que son opciones muy lucrativas. Está impulsado por el negocio, ya que los medios electrónicos han sustituido al papel a medida que los ingresos por publicidad se han desplazado y la capacidad de la gente para centrarse en temas complicados ha disminuido drásticamente.

El periodismo de la vieja escuela está sufriendo como resultado y, por lo tanto, escritores como Greenwald y Taibbi y Chris Hedges (que entrevistó a Taibbi y está de acuerdo: primera parte aquí) han llevado su trabajo a Internet para escapar de tales categorías restrictivas y la censura que las acompaña.

En segundo lugar, el gran llamamiento a la censura no es algo que las empresas de Silicon Valley quieran porque quieren que más gente utilice sus medios de comunicación, ya que significa más dinero para ellos, sino que están siendo presionados para hacerlo por los medios de comunicación tradicionales de la vieja escuela, como el New York Times, que ahora emplean a "chismosos y censores", personas que son imbéciles ávidos de poder, para olfatear las voces disidentes que pueden recomendar que sean prohibidas.

Dice Greenwald:

"Lo hacen en parte por poder: para asegurarse de que nadie más que ellos pueda controlar el flujo de información. Lo hacen en parte por ideología y por arrogancia: la creencia de que su visión del mundo es tan indiscutiblemente correcta que toda disidencia es intrínsecamente peligrosa 'desinformación'".

Así, los medios de comunicación impresos y televisivos de la vieja escuela no están en la misma línea que Facebook, Twitter, etc., sino que tienen objetivos opuestos.

En resumen, estos cambios y la censura tienen que ver con el dinero y el poder dentro del mundo de los medios de comunicación, ya que el negocio ha sido transformado por la revolución digital.

Creo que esto es una verdad a medias que oculta una cuestión más amplia. La censura no está impulsada por periodistas ávidos de poder en el Times o la CNN o cualquier otro medio de comunicación. Todos estos medios y sus empleados no son más que la capa esterior de la cebolla, el medio por el que se envían los mensajes y se controla a la gente.

Estas empresas y sus empleados hacen lo que se les dice, ya sea esplícita o implícitamente, porque saben que les interesa económicamente hacerlo. Si no cumplen con su parte en este retorcido e intrincado juego de propaganda, sufrirán. Serán eliminados, al igual que los individuos molestos que se atreven a pelar la cebolla hasta el corazón.

Porque cada empresa de medios de comunicación es una parte de un gran aparato de inteligencia interconectado -un sistema, un complejo- cuyo propósito es el poder, la riqueza y la dominación para unos pocos a espensas de la mayoría. La CIA y los medios de comunicación como partes de la misma conspiración criminal.

Argumentar que las empresas de Silicon Valley no quieren censurar, sino que están siendo presionadas por los medios corporativos heredados no tiene sentido. Estas empresas están profundamente conectadas con las agencias de inteligencia de Estados Unidos, al igual que el NY Times, la CNN, la NBC, etc. También forman parte de lo que en su día se llamó Operación Mockingbird, el programa de la CIA para controlar, utilizar e infiltrar los medios de comunicación. Sólo los más ingenuos podrían pensar que ese programa no essiste hoy en día.

En Surveillance Valley, el reportero de investigación Yasha Levine documenta cómo las empresas tecnológicas de Silicon Valley, como Facebook, Amazon y Google, están vinculadas al complejo militar-industrial-inteligencia-medios de comunicación en la vigilancia y la censura; cómo Internet fue creado por el Pentágono; e incluso cómo estos actores en la sombra están profundamente involucrados en el llamado movimiento de privacidad que se desarrolló después de las revelaciones de Edward Snowden.

Al igual que Valentine, y de forma muy detallada, Levine muestra cómo el complejo militar-industrial-inteligencia-medios digitales forma parte de la misma cospiración criminal que los medios de comunicación tradicionales con sus señores de la CIA. Es un solo club.

A mucha gente, sin embargo, le puede costar creer esto porque rompe muchos moldes, incluido el que afirma que a estas empresas tecnológicas las presionan los medios como el New York Times, etc., para que censuren. La verdad es que Internet fue una herramienta militar y de inteligencia desde el principio y no son los medios de comunicación corporativos tradicionales los que le dan sus órdenes de marcha.

Siendo así, no son los propietarios de los medios de comunicación corporativos o sus empleados quienes son los controladores últimos detrás de la actual y vasta represión de la disidencia, sino las agencias de inteligencia que controlan los medios de comunicación convencionales y los monopolios de Silicon Valley como Facebook, Twitter, Google, etc. Todas estas empresas de medios de comunicación no son más que la capa esterior de la cebolla, los medios por los que se envían los mensajes y se controla a la gente.

¿Pero para quién trabajan estas agencias de inteligencia? No para ellas mismas.

Trabajan para sus señores, los súper ricos, los bancos, las instituciones financieras y las corporaciones que son dueñas de los Estados Unidos y siempre lo han sido. En un simple giro del destino, esos súper ricos son por supuesto los dueños de las corporaciones de medios de comunicación que son esenciales para el control de la mayoría de la riqueza del mundo a través de los relatos que cuentan.

Es una relación simbiótica.

Como dijo FDR sin rodeos en 1933, esta camarilla de fuerzas multimillonarias es el "elemento financiero de los centros más grandes [que] ha sido dueño del Gobierno desde los días de Andrew Jackson". Su riqueza y poder ha aumentado esponencialmente desde entonces, y sus tentáculos conectados se han estendido aún más para crear lo que es un estado profundo internacional que involucra a entidades como el FMI, el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial, los que se reúnen anualmente en Davos, etc.

Son los señores internacionales que están presionando fuertemente para llevar al mundo hacia una dictadura global.

Como es bien sabido, o debería serlo, la CIA fue la creación de Wall Street y sirve a los intereses de los ricos propietarios. Peter Dale Scott, en "El estado, el estado profundo y y el mundo superior de Wall Street" dice de Allen Dulles, el nefasto director de la CIA y abogado de Wall Street para Sullivan y Cromwell

"Parece haber poca diferencia en la influencia de Allen Dulles cuando era un abogado de Wall Street o siendo director de la CIA".

Dulles, largamente relacionado con la Standard Oil de Rockefeller, las corporaciones internacionales y amigo de agentes y científicos nazis, fue quien se encargó de elaborar las propuestas para la CIA. Le ayudaron hábilmente cinco banqueros o inversores de Wall Street, entre ellos el ya mencionado Frank Wisner, que más tarde, como oficial de la CIA, dijo que su "Mighty Wurlitzer" era "capaz de tocar cualquier melodía propagandística que deseara".

Esto lo hizo reclutando a intelectuales, escritores, reporteros, organizaciones sindicales y los principales medios corporativos, etc. para propagar los mensajes de la CIA.

Greenwald, Taibbi y Hedges tienen razón hasta cierto punto, pero se quedan cortos. Su crítica al periodismo de la vieja escuela, según el modelo de Fabricación del consentimiento de Edward Herman y Noam Chomsky, si bien es cierta hasta cierto punto, no logra ponerle el cascabel al gato. Al igual que los periodistas de la vieja escuela, que sabían implícitamente hasta dónde podían llegar, estos tipos también lo saben, como si hubiera una puerta electrónica invisible que les impide adentrarse en territorio peligroso.

La censura de Robert Kennedy, Jr. es un caso ejemplar. Su espulsión de Instagram y el ridículo que los principales medios de comunicación han amontonado sobre él durante años, no se debe simplemente a que plantea cuestiones profundamente informadas sobre las vacunas, Bill Gates, las compañías farmacéuticas, etc. Sus críticas sugieren que hay algo mucho más peligroso en marcha: la desaparición de la democracia y el surgimiento de un orden totalitario que implica la vigilancia total, el control, la eugenesia, etc. por parte de los ricos dirigidos por sus propagandistas de la inteligencia.

Llamarle superdifusor de bulos y teórico de la cospiración tiene como objetivo no sólo silenciarle en temas médicos concretos, sino silenciar su poderosa y articulada voz en todos los temas. Considerar con detenimiento su pensamiento científico profundamente informado sobre las vacunas, la Organización Mundial de la Salud, la Fundación Bill y Melinda Gates, etc., es abrir la caja de Pandora que los poderosos quieren cerrar a cal y canto.

Esto se debe a que RFK, Jr. es también un severo crítico del enorme poder de la CIA y de su propaganda, que se remonta a tantas décadas atrás y que se utilizó para encubrir el asesinato de su padre y de su tío por parte del estado de seguridad nacional.

Por eso su maravilloso libro reciente, American Values: Lecciones que aprendí de mi familia, que no contiene ni una sola palabra sobre las vacunas, lo han rechazado los críticos de libros de los medios de comunicación masivos; porque el cuadro que pinta acusa ferozmente a la CIA de múltiples maneras, al tiempo que acusa a los medios de comunicación de masas, que han sido sus portavoces.

Hay que encerrar estas voces en el arca, como el poder de los señores internacionales representados por la Organización Mundial de la Salud y el Foro Económico Mundial con su Gran Reajuste. Hay que descartarlas como teorías de conspiración chifladas que no merecen ser debatidas o espuestas.

Robert Kennedy, Jr., por su nombre y dedicación a la búsqueda de la verdad, conjura el fantasma de su padre, el último político que, debido a su vasto apoyo a través de las divisiones raciales y de clase, podría haber unido al país y domar el poder de la CIA para controlar el discurso que ha permitido el saqueo del mundo y del país para los señores ricos.

Y por eso lo mataron.

Hay una razón por la que Noam Chomsky es un ejemplo para Hedges, Greenwald y Taibbi. Para muchos, él controla el tirador del arca. Ha establecido los parámetros de lo que se considera aceptable para ser considerado un periodista o intelectual serio. Los asesinatos de los Kennedy, el 11-S o el cuestionamiento de la historia oficial de Covid-19 no están entre ellos, y por eso se evitan.

Denunciar la censura, como han hecho ellos, es admirable. Pero ahora Greenwald, Taibbi y Hedges tienen que acercarse a la puerta prohibida con el cartel que dice - "Hasta aquí y no más allá"- y saltarla. Ahí es donde están las verdaderas historias. Es entonces cuando verán a los gusanos retorcerse.



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