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David Crowe: "Errores de la teoría de la pandemia del coronavirus"

Viernes, 19 de febrero de 2021


Traducción de la versión 8.5, publicada el 6 de junio del 2020 (original inglés). Artículo muy documentado, que trata la falta de pruebas de que haya ningún virus nuevo ni ninguna enfermedad nueva, la falta de relación de los métodos PCR de detección de ARN con ningún virus y sus otros muchos problemas, la cuestión de la supuesta trasmisión y todas sus incoherencias, y los daños a la salud producidos por el régimen covid. Muestra con muchos ejemplos que “lo que se está publicando en las revistas médicas no es ciencia: cada artículo tiene el objetivo de aumentar el pánico interpretando los datos sólo de maneras que beneficien a la teoría vírica, incluso cuando los datos son confusos o contradictorios. En otras palabras, los artículos médicos son propaganda”. El artículo traducido al español se puede descargar aquí.

El resumen que hace el propio autor es el siguiente:

El mundo está sufriendo un enorme engaño basado en la creencia de que una prueba de ARN es una prueba que detecta un nuevo virus mortal [...]

Si el virus existe, entonces debería ser posible purificar partículas víricas. De estas partículas se puede extraer ARN, que debería coincidir con el ARN utilizado en esta prueba. [...] Sin la purificación y caracterización de partículas del virus no se puede aceptar que una prueba de ARN sea una prueba de la presencia de un virus.

Las definiciones de las enfermedades importantes son sorprendentemente vagas [...]. Mientras que la definición del SARS, un caso anterior de pánico por coronavirus, le imponía a la enfermedad unos límites, la definición de la enfermedad COVID-19 es abierta, lo que permite a la epidemia imaginaria crecer y crecer. Dejando de lado la existencia del virus, si la prueba de COVID-19 tiene un problema con los resultados positivos falsos (como lo tienen todas las pruebas biológicas), entonces, si se somete a la prueba a una población no infectada, se producirán sólo falsos positivos, y la definición de la enfermedad permitirá que la epidemia continúe para siempre.

Esta nueva y extraña enfermedad, oficialmente llamada COVID-19, no tiene ningún síntoma suyo propio. La fiebre y la tos, que antes se atribuían a incontables virus y bacterias, y también a contaminantes ambientales, son los más comunes, así como las imágenes pulmonares anormales, a pesar de que éstas se dan en personas sanas. Sin embargo, a pesar de que sólo una minoría de las personas analizadas dan positivo (a menudo menos del 5%), se da por supuesto que esta enfermedad se reconoce fácilmente. Si de verdad fuera así, la mayoría de las personas que los médicos seleccionan para hacerse la prueba debería dar positivo.

La prueba del COVID-19 se basa en la técnica PCR, que es una técnica de fabricación de ADN. Cuando se utiliza como prueba no produce un resultado positivo/negativo, sino que su resultado es simplemente el número de ciclos necesario para detectar material suficiente para superar el límite arbitrario entre positivo y negativo. Si positivo significa infectado y negativo significa no infectado, entonces hay casos de personas que pasan de infectado a no infectado y otra vez a infectado en un par de días.

Mucha gente dice que es mejor prevenir que lamentar. Es mejor que se pongan en cuarentena algunas personas no infectadas que arriesgarse a una pandemia. Pero una vez que las personas dan positivo, es probable que se les administre un tratamiento similar al del SARS. Los médicos que se enfrentan a lo que creen que es un virus mortal tratan lo que está por venir, tratan síntomas futuros, y no lo que están viendo hoy. Esto lleva al uso de oxigenación invasiva, altas dosis de corticosteroides, medicamentos antivíricos y demás. En este caso, algunas poblaciones entre los diagnosticados (por ejemplo, en China) tienen una edad más avanzada y están más enfermas que la población general, por lo que son mucho menos capaces de soportar un tratamiento agresivo. Después de que el pánico del SARS se apaciguara, los médicos revisaron la evidencia, y la evidencia mostró que estos tratamientos a menudo eran ineficaces, y que todos tenían efectos secundarios graves, como déficit neurológico persistente, reemplazo de articulaciones, cicatrices, dolor y enfermedades hepáticas. Y también una mortalidad mayor.


En el artículo se repasan también otros daños a la salud provocados por el régimen covid: sedación y maltrato en las residencias, negación de la atención médica, efectos dañinos de los aislamientos, de los encierros y del miedo.

En la página del autor, “The Infectious Myth” , hay otros escritos, grabaciones y vídeos interesantes, algunos con traducción al español.

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