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Vigilancia (diálogo)

Lunes, 28 de febrero del 2022

Diálogo de Virginia.


—No te preocupes, yo vigilo al niño desde aquí.
—Pero ¿no estás un poco lejos?
—Sí. No. O sea, no importa. Además llevo las gafas.
—Pero son las de cerca.
—Sí, claro, pero también veo así lo más importante, y si acaso me las puedo quitar.
—¿Y si al niño le pasa algo?
—Bueno, lo normal es que a los niños les pasen cosas, así que no te preocupes. Si se cae o cosas así, pues nada, es lo normal. Si ya le pasa algo más grave, pues te llamo al móvil y te lo cuento, para que estés enterada.
—Pero ¿no te levantarías y irías a ayudarlo?
—¿Para qué, si ya le ha pasado? Hombre, si es algo muy grave muy grave llamo a una ambulancia.
—Pero, mira, ahí hay cristales rotos, y allá un barranco.
—Sí, es normal, ya me he dado cuenta, hay cristales rotos verdes y blancos, y eso tienes que tenerlo en cuenta, y también lo del barranco. Iba a decírtelo ahora mismo, para que lo sepas, que el niño se puede hacer daño con los cristales y el barranco.
—Entonces ¿no sería mejor llevarlo a otro sitio?
—No, no, no te preocupes: está en un sitio seguro. También te tengo que avisar de que hay algunas ratas grandes que a veces muerden, y eso puede pasar alguna vez.
—Pero...
—Pero el sitio es seguro, es el mejor sitio donde el niño puede estar en estas circunstancias.
—¿Qué circunstancias?
—¡Hombre! Ya sabes que todo alrededor el bosque está ardiendo y los enemigos tiran bombas.
—Eso dicen, pero yo no lo veo. Mira, allí hay un claro muy agradable. Podríamos ir allí y sentarnos juntos a jugar...
—No, no, ahí puede caer una bomba en cualquier momento. Es un sitio peligroso.
—Pero donde está el niño ahora, él solo con los cristales, las ratas y el barranco...
—Es que los niños tienen que tener independencia y jugar solos y aprender a enfrentarse a los peligros para acostumbrarse a ellos.
—Pero ¿no decías que había que evitar el peligro?
—Pero no todos los peligros: eso es imposible. Hay que evitar el fuego y las bombas, pero no los cristales, las ratas y el barranco. Está comprobado que mueren más niños por el fuego y las bombas que por los cristales, las ratas y el barranco.
—Pero entonces ¿dices que por los cristales, las ratas y el barranco también se mueren niños?
—Sí, pero mueren más niños por el fuego y las bombas.
—Pero ¡si estamos hablando de un solo niño! ¿Cómo se va a morir más ni menos por una cosa o por otra?
—Un solo niño lo que tiene son más probabilidades de morirse de una cosa que de otra.
—Pero ¿y entonces? ¡No puede ser! Tiene que haber algo... ¡Entonces vámonos a otro sitio, a otro, sin bombas ni fuego ni cristales ni ratas ni barranco ni probabilidades!
—No hay otro sitio. En todas partes hay o fuego y bombas o cristales, barrancos y ratas.
—Pero ¡eso es terrible!
—Sí, lo es. Lo único que podemos hacer es calcular las probabilidades y vigilar.
—Pues no sé otro sitio, pero ahí no pienso dejar al niño, con los cristales ésos y todo lo demás.
—Si lo sacas de aquí, pueden matarlo el fuego y las bombas, y tú serías la responsable. ¿Cómo te ibas a sentir sabiendo que pudiste haberlo evitado?
—Pero... ¡Niño! ¡Cuidado, que hay ahí unos cristales! ¡Anda, ven, vente conmigo, vámonos de aquí!




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