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Un participante en las pruebas de la vacuna contra el Covid-19 desarrolla síntomas neurológicos. AstraZeneca suspende los ensayos

Artículo de Jeremy Loffredo aparecido en Children's Health Defense.

El martes AstraZeneca anunció la interrupción de los ensayos de la vacuna contra el Covid-19 después de que una mujer desarrollará una “reacción seria y sospechosa”. La compañía está también llevando a cabo ensayos en los EEUU, Sudáfrica y Brasil, donde los ensayos clínicos se han suspendido

AstraZeneca está colaborando con investigadores de la Universidad de Oxford para desarrollar la vacuna, que ya se está probando en niños de tan solo 5 años. El jefe científico de la Organización Mundial de la Salud, Soumya Swaminathan, llamó al proyecto una carrera “pionera” en la búsqueda de una vacuna contra el Covid-19 a comienzos de año.

La compañía afirma que un panel de expertos independientes revisará las reacciones adversas y decidirá si AstraZeneca debería reanudar los ensayos.

Mientras que AstraZeneca dice que la mujer no ha recibido ningún diagnostico oficial, una fuente anónima comunicó al New York Times que los síntomas que la mujer presentaba coinciden con los asociados a la Mielitis transversa (MT).

MT es un desorden neurológico que se caracteriza por la inflamación de la medula espinal, uno de los componentes de sistema nervioso central. Con frecuencia provoca un debilitamiento de las extremidades, dificultades para vaciar la vejiga y parálisis. Estos pacientes pueden quedar severamente discapacitados y en la actualidad no existe ninguna cura efectiva.

Las conexiones entre MT y las vacunas son ampliamente conocidas y preocupantes. Una revisión de estudios de casos publicados en el 2009 muestra que documentaban 37 casos de Mielitis transversa asociados con vacunas, incluyendo la de la Hepatitis B, las del sarampión-paperas-rubeola, la de la difteria, la de la pertusis, la del tétanos y otras que se administran a bebes, niños y adultos. Investigadores en Israel señalaron que “las conexiones de diferentes vacunas con un único fenómeno inmunológico indican que un denominador común de estas vacunas, por ejemplo, un adyuvante, puede provocar este síndrome”. Incluso el New York Times en su articulo sobre la interrupción de los ensayos de AstraZeneca señala mas allá de la especulación que las vacunas podrían provocar MT.

Quizás el ejemplo más infame de este fenómeno es el caso de Colton Berrett. A Berrett se le administró la vacuna de Merck contra el virus del papiloma humano (VPH) a los 13 años, después de que los médicos le dijesen a su madre que ayudaría a prevenir el cáncer de útero en su mujer potencial en el futuro. Después de la vacunación los médicos diagnosticaron a Berrett MT y su cuerpo se fue paralizando progresivamente a medida que su columna vertebral se iba inflamando. Los médicos dijeron que a la larga perdería la capacidad de respirar y su familia decidió entubarlo. Después de vivir durante años con esta discapacidad y de tener a alguien a su lado todo el tiempo para que llevase su aparato respiratorio por él, Berrett se suicidó. [Puede verse a este niño contando su caso en este enlace al documental "Vaxxed II", en el minuto 32:17]

Aún si la vacuna de AstraZeneca es responsable de los síntomas de MT que se manifiestan en los participantes de los ensayos clínicos, ésta puede que no sea la conclusión oficial a la que se llegue. En el mes de julio otro participante desarrolló síntomas de MT y los ensayos clínicos de la vacuna se paralizaron. Pero un “panel independiente” concluyó que la enfermedad no estaba relacionada con la vacuna y los ensayos continuaron.

Como Nikolai Petrovsky de la Universidad de Flinders le dijo a la Corporación de Radiodifusión de Australia, estos paneles están “compuestos por médicos, un bioestadístico y un representante médico de la compañía que patrocina los ensayos”.

No está claro si el panel que revisó el primer caso de MT será el mismo grupo de expertos que decida si el segundo caso de MT fue causado por la vacuna, pero parece que el equipo de Oxford está ya sentando las bases para llegar a otra conclusión similar.

“Esto puede ser debido a un problema relacionado con la vacuna. Pero también puede ser que no”, un portavoz de la Universidad de Oxford le dijo a ABC News el jueves.

También es significativo que los investigadores aún no han producido ninguna vacuna efectiva y segura contra cualquier clase de coronavirus. Cuando estaban experimentando con vacunas contra el SARS (que es similar al COVID-19 en el sentido de que también infecta los pulmones), los ensayos se pararon por completo después de que los animales vacunados desarrollasen versiones del SARS incluso más severas (y en algunos casos fatales) que los animales que no estaban vacunados.

Pero mientras que AstraZeneca informa a los voluntarios sobre los resultados de los ensayos en animales con vacunas experimentales contra el SARS y MERS, omite los resultados de sus propios ensayos en animales, que sugieren falta de eficacia a la hora de parar la propagación del virus.
El papel informativo que AstraZeneca da a los voluntarios de los ensayos de la vacuna dice:

"En el pasado, las vacunas experimentales eran desarrolladas por diferentes grupos de investigación del virus del SARS, que pertenece a la misma familia que el virus del COVID-19 y también infecta los pulmones. En algunos casos, los animales a los que se les administraron ciertos tipos de vacunas experimentales contra el SARS parecieron desarrollar una inflamación pulmonar “mas severa” cuando fueron infectados con el virus del SARS que los animales que no fueron vacunados. Ha habido también un informe sobre un incremento de esta enfermedad inflamatoria en un estudio en ratones en los que se probó una vacuna contra el MERS-CoV (otro virus de la misma familia) pero esto no se ha observado en otros estudios con animales. Estos problemas no se observaron en estudios en animales con la vacuna ChAdOx1-MersCoV, que es muy parecida a la vacuna usada en este estudio, cuando los animales fueron expuestos al virus en estado salvaje. Los estudios de la vacuna ChAdOx1-CoV en animales se están llevando a cabo de forma continuada, pero: aún no sabemos si esto podría ser un efecto secundario de la exposición al virus COVID-19 en este estudio de la vacuna contra el COVID-19, si este efecto se podría ver en humanos o si esto podría llevar a una enfermedad COVID-19 más severa en algunos casos."

Como Forbes informó en mayo, los seis monos inyectados con la vacuna de AstraZeneca contra el COVID-19 se infectaron con el virus del COVID-19 después de ser inoculados. Después se les dio muerte para que el público no pudiese saber si los animales pudieran haber desarrollado otros problemas.

Lo que añade oscuridad a los resultados de los ensayos de AstraZeneca es el hecho de que a los grupos de control se les administra Nimenrix de Pfizer, una vacuna contra la meningitis y la neumonía. En un tuit, el Grupo de Vacunas de Oxford de la Universidad de Oxford explicó la decisión, que parece indicar que no esperan que su propia vacuna sea segura ya que se esperan reacciones adversas al Nimenrix y a la nueva vacuna contra el COVID-19.

Robert F. Kennedy Jr., el principal defensor legal y presidente de Children´s Health Defense, explica “Ya que ninguna de estas compañías ha tenido que probar sus productos para comprobar su seguridad usando placebos inertes, siempre han podido justificar estos resultados trágicos como “coincidencias” tristes.

Además, AstraZeneca ha ocultado datos negativos de ensayos clínicos al ojo público en el pasado. DrugWatch.com ha documentado esta tendencia en detalle. Por ejemplo, la compañía ocultó deliberadamente y de manera sistemática resultados que muestran que la droga antipsicótica Seroquel era inefectiva o dañina, lo cual se puede leer en los correos electrónicos de la compañía (AstraZeneca tuvo que pagar 520 millones de dólares al Departamento de Justicia de los EEUU y 647 millones de dólares en liquidaciones después de haber encubierto los efectos secundarios de Seroquel).

Por no hablar de la declaración emitida por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EEUU en marzo del 2020 bajo la ley PREP (con efecto retroactivo desde febrero) que confiere inmunidad de responsabilidades “contra cualquier reclamación por daños causados por, o que surjan, o que estén relacionados, o se deriven de la manufactura, la distribución, la administración, o el uso de medidas compensatorias médicas”, incluyendo las vacunas. Esto significa que AstraZeneca goza de inmunidad contra demandas, independientemente de si su nueva vacuna produce efectos dañinos o no.

AstraZeneca considera su decisión de parar los ensayos como una “acción rutinaria” y algunos expertos se han sumado con opiniones similares. La profesora de la Universidad de Cambridge Charlotte Summers, sostiene que el haber parado los ensayos es una señal del “rigor del sistema que supervisa la seguridad”, mientras que Florian Krammer, un virólogo de la Escuela de Medicina de Icahn, argumenta de manera similar que el haber pausado los ensayos prueba que “solo aquellos tratamientos que son efectivos y seguros acaban en el mercado.

Pero, como Kennedy señala, la investigación de reacciones adversas para nada forma parte de una rutina. “La industria de la vacunación no está acostumbrada a este nivel de escrutinio”. Kennedy insinúa que la mayoría de los procesos de aprobación de vacunas no están sujetos a este tipo de investigación y no son expuestos al ojo público global, y que “si las 72 dosis que hoy en día son obligatorias para niños (como la combinación sarampión-paperas-rubeola) hubieran sido sometidas a una evaluación critica por tantos ojos, ninguna habría llegado a acercarse a conseguir una licencia FDA”.



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