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El jugador de la NBA Kyrie Irving se resiste a las órdenes de vacunación de la ciudad de Nueva York

Artículo de Virginia, 11 de octubre, 2021.



Kyrie Irving en el entrenamiento público de los Nets de Brooklyn el 9 de octubre. Fotografía tomada del New York Post, 9/10/2021.


Kyrie Irving, jugador de la liga nacional de baloncesto de los EE.UU., no se ha vacunado, y en consecuencia parece que podría impedírsele participar en los partidos de su equipo que se jueguen en casa, o sea, en Nueva York, uno de los lugares del mundo más abyectamente al servicio del régimen pandémico.

La ciudad de Nueva York sacó en agosto una orden ejecutiva por la que se exige que «los deportistas profesionales demuestren que han recibido al menos una dosis de una vacuna aprobada contra el COVID-19 para entrenar o jugar en edificios públicos en la ciudad», de manera que el martes pasado Irving no pudo empezar a entrenar con su equipo, los Nets de Brooklyn, que la semana anterior, primera de entrenamientos, habían entrenado en California. Su entrenador declaró entonces: «Lo apoyamos. Estaremos aquí esperándolo. Las cosas cambian. Cuando haya una resolución, estaremos aquí esperándolo». Y las cosas han cambiado un poco: las autoridades acaban de decidir que el lugar de entrenamiento de los Nets de Brooklyn es un edificio privado, y Kyrie Irving podrá volver a los entrenamientos (The Athletic 9/10/2021).

Además de perder la posibilidad de jugar con su equipo en casa, los medios informan de que no vacunarse podría costarle a Irving muchísimo dinero, debido a las sanciones que el sindicato de los jugadores de la NBA (la NPBA) ha establecido para los jugadores que no puedan participar en partidos por no estar vacunados (LBS 4/10/2021).

Pero no son éstos los únicos males que un personaje público ha de arrostrar por negarse a la vacuna. Los medios de formación de masas se han lanzado inmediatamente contra el jugador. No tienen, por ahora, mucho de dónde tirar, así que se limitan a elegir las fotos suyas en las que sale menos favorecido y a afirmar que es un antivacunas descerebrado conspiracionista que está dando un mal ejemplo y poniendo a todo el mundo en peligro (Rolling Stone 25/9/2021, LBS 25/9/2021, The Sports Rush 09/10/2021; véase Rappoport 8/9/2021). Hasta estas tierras ha llegado el afán denigratorio, y el Marca (6/10/2021) se ha dedicado a tergiversar, o más bien directamente a mentir, sobre la actitud de los Nets y su entrenador: «Los Brooklyn Nets se cansan de Kyrie Irving y podrían prescindir de él esta misma temporada», reza el titular de este modélico ejemplo de periodismo en tiempos de pandemia, que cita frases textuales en contextos inventados. Hasta nuestro altísimo Tonto Mayor electo ha considerado oportuno citar el caso en el Parlamento, acusando sin venir a cuento al jugador de haber hecho declaraciones conspiracionistas (blogdebasket.com 29/09/2021).

Y ¿qué ha dicho el propio Irving? Lo primero, que le gustaría «mantener estos asuntos en lo privado y manejarlos de la mejor manera con el equipo para poder seguir un plan». La petición de privacidad de Irving no ha tenido éxito, cosa de la que no podemos menos que alegrarnos. Luego, con respecto a lo del «conspiracionismo»: el propio Irving no ha dicho nada de tipo «conspiracionista», pero los perros guardianes del poder se han dedicado a difundir que «recientemente ha empezado a seguir los envíos en Instagram (y a alguno con el “Me gusta”) de un teórico de la conspiración que afirma que “sociedades secretas” están implantando las vacunas en una trama para conectar a los negros a un ordenador central siguiendo “un plan satánico”» (Rolling Stone 25/9/2021). Lo que anteayer mismo dijo Irving en un mensaje de twitter es: «Dios me protege a mí y a los míos. Nos mantenemos unidos.» Irving se guarda las espaldas y habla a quien tiene oídos para oír sin mencionar las vacunas.
Como se ve, en poco más de un día (la imagen es del 10/19/2021, a las 16:23), el mensaje ha recibido unas 28.300 adhesiones. The Sports Rush se apresura a contestar al jugador con el siguiente argumento: «Si habérselas con el coronavirus fuera tan fácil, no necesitaríamos una vacuna». La extrema seguridad y arrogancia de los que están en posesión de la verdad no les permite darse cuenta de la circularidad de sus razonamientos hasta un punto que sería de risa si no fuera porque casi dan más ganas de llorar. Dice uno: No necesito vacunarme: Dios me protege. Contesta el portador de la verdad: Si Dios nos protegiera, no necesitaríamos la vacuna. Y se cree que ha dicho algo.

No se apresuren quienes lean este artículo a despreciar el mensaje de Irving porque use los términos de la vieja fe. Más chocante ha sido que la mayor parte del resto de los creyentes en las viejas religiones no hayan dicho este tipo de cosas. Lo que este hombre está diciendo a su manera está muy claro: la salud no depende de las vacunas sino de otra cosa que a él le da por llamar ‘Dios’. Teniendo él esta fe, y siendo esto que nos está pasando imposible de entender, tampoco sería de extrañar si, al sentir que todo esto no está bien, se adhiere a esas formas de hablar confusas y «conspiracionistas» que la Rolling Stone menciona y que, por confusas y equivocadas que sean, no dejan de tener su razón, porque es verdad que la campaña de inoculación mundial de las masas, con los pases y pasaportes que trae consigo, es un paso fundamental en el proceso de implantación de todo tipo de mecanismos digitales de fabricación y control de datos de las poblaciones con los humanitarísimos fines de detectar cualquier peligro potencial «en tiempo real» para proceder a su instantánea eliminación. (Como muestra de estos planes, puede leerse el instructivo resumen del informe al senado francés sobre «Crisis sanitarias y herramientas digitales», que tal vez otro día nos animemos a comentar por aquí.)

Gracias al infame artículo de la Rolling Stone nos enteramos de que, aunque Kyrie Irving tal vez sea el único no vacunado de los jugadores a los que se les ha exigido hacerlo, no es en absoluto el único que está en contra de la vacunación obligatoria. Los jugadores de la NBA pidieron que vacunarse fuera una decisión personal, y el autor del artículo enumera los motivos que tiene para sospechar, al más puro estilo inquisitorial, que en la NBA se esté «montando una resistencia entre bastidores a los protocolos covid —y a la verdad». En todo caso, «la liga sigue teniendo dificultades para convencer a las superestrellas actuales de que defiendan [públicamente] las vacunas». Lo que sí han defendido públicamente algunos jugadores de la NBA es la decisión de Irving de no vacunarse. Ninguno, hasta donde yo sé, lo ha criticado. La táctica pública que parece seguir el equipo hasta ahora es decir que quieren que Irving vuelva a jugar, sin entrar a hablar de si vacuna o no vacuna.

Anteayer sábado 9 de octubre volvió Kyrie Irving a entrenar con su equipo, pero no en un entrenamiento normal, sino en una exhibición pública que los Nets hacen una vez al año en en el Parque Bridge de Brooklyn. «Al llegar, recibió una gran ovación de la multitud y se metió de lleno en el acontecimiento comunitario. Hizo tiros a canasta con sus compañeros y participó en un juego de nocaut con todo el equipo. Tiró camisetas y pelotas de baloncesto en miniatura a la multitud y estuvo firmando autógrafos» (New York Post 9/10/202). En algún vídeo puede verse cómo nada más entrar al campo levanta el brazo y hace la señal de la victoria.

       Quienes recuerden la asquerosa jugarreta con «Magic» Johnson y el sida, se darán cuenta conmigo de que lo que está haciendo este hombre no es ninguna tontería. Irving es, al parecer, y según las cuentas que se echan para estas cosas, uno de los mejores jugadores de la NBA (Wikipedia), y como además se dedica activamente a hacer obras de caridad, parece ser que los aficionados le tienen mucha admiración (bueno, lo que dicen los medios es lo de que es un «modelo»).

Y Kyrie Irving es negro, y resulta que los negros de por allá se fían bastante menos de las vacunas que los payos. Los concienciados, o sea, los que tienen la conciencia llena a reventar de las ideas que está mandado tener sobre el racismo, la pandemia y las vacunas, adoptan frente a este rechazo de los negros la típica actitud paternalista: es la pobreza y la falta de educación la que los lleva a dejarse engañar por los pirados antivacunas. Así que no hará falta hacerles ningún caso a los negros cuando salen a la calle a protestar contra la obligación de vacunarse (Health Impact News 6/10/2021). No: los negros no se enteran, así que, para darles un trato verdaderamente igualitario, lo que hay que hacer no es atender a lo que ellos mismos dicen sino a lo que nosotros sabemos que les conviene. Lo que hay que hacer es enseñarles lo que les conviene de manera que lo entiendan, y por eso es por lo que hay tanto interés en que las grandes figuras, los jugadores negros de la NBA, hagan propaganda de las vacunas. De poco sirve que Kareem Abdul-Jabbar, la vieja estrella de la NBA, haga anuncios oficiales, que ande aconsejando echar a los jugadores que no se vacunen y se dedique a criticar a Irving y a otros jugadores que se han mostrado dudosos o abiertamente críticos con la obligación de vacunarse (Rolling Stone 25/9/2021, Jacobin 6/10/2021). Lo que las autoridades querrían es que fueran los jugadores en activo los que se prestaran a este tipo de propaganda. La mayor resistencia a las vacunas se da en los negros jóvenes (de 18 a 44 años), entre los que en Nueva York se habían vacunado a mediados de agosto menos del 30% (msn 12/8/2021), y parece ser que el rechazo es mayor entre los varones (NetsDaily 29/9/2021). Jóvenes varones negros: éste es justo el grupo al que pertenecen tantísimos jugadores de la NBA a los que se ha buscado convertir en predicadores de la nueva religión vacunatoria (ESPN 17/2/2021). Ya es mucho (imaginen los lectores las presiones y los incentivos) que, vacunados o no, no se hayan prestado a ello: Kyrie Irving ha ido un poco más allá.

Las autoridades y los medios tienen razón: Irving es un modelo: a ver si alguno por estas tierras se anima a imitarlo.

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