Contra el Encierro
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El viejo Doctor Fausto pasea con su discípulo Wagner por los campos

WAGNER

Pasear con usted, Doctor,
es una honra y un beneficio.
Pero es que además no quisiera perderme yendo solo,
porque soy enemigo de todo lo tosco y rudo:
Violines, gritos, juegos de bolos,
me son ruidos odiosos.
Aúllan como llevados por el diablo
y lo llaman goce. Lo llaman canto.

CAMPESINOS ENTRE LOS TILOS. Danza y canto.

El pastor se vistió para el baile
con blusa de colores, faja y pañuelo.
¡Qué bien compuesto iba!
Ya se llenó la arboleda de los tilos,
ya danzaban todos como locos.
Yuhee! Yuhee!
Yuheisa! Heisa! Hee!
Ahí va el arco del violín.

Empujó con prisa adelante
y le dio a una muchacha
con su codo.
La sanota muchacha se volvió y
le dijo: "¡Ay, qué tontería!"
Yuhee! Yuhee!
Yuheisa! Heisa! Hee!
¡No seas tan bruto!

Pero rueda ligero el corro.
Bailaron al derecho, bailaron al revés,
y todas la faldas volaron.
Se pusieron rojos, se calentaron
y descansaron brazo con brazo resollando.
Yuhee! Yuhee!
Yuheisa! Heisa! Hee!
Cadera en codo.

No cojas tantas confianzas.
¡Cuántas veces a su novia
no ha mentido y traicionado!
Pero con halagos se la llevó aparte
y lejos de los tilos sonó:
Yuhee! Yuhee!
Yuheisa! Heisa! Hee!
Gritos y el arco del violín.

CAMPESINO VIEJO

Señor Doctor: qué hermoso de su parte que usted
no se avergüence hoy de nosotros
y vaya entre esta turba del pueblo
alguien que es tan distinguido.
Así que, tome también la copa más hermosa
que hemos llenado de bebida fresca.
Se la doy y brindo
para que no solo se calme su sed:
Que el número de gotas que tiene
sean los días que le queden.

FAUSTO

Tomo el trago refrescante
y os respondo con las gracias y ¡Salud!

CAMPESINO VIEJO

De verdad que está bien
que usted aparezca en día de goce,
habiendo sido otrora, en días malos,
tan bueno con nosotros!
Que muchos hay aquí hoy vivos
de los que su padre acabó
librando de la ardiente fiebre,
cuando él le puso fin a la peste.
También a su vez usted, un hombre joven,
iba a cada hospital,
y aunque muchos cadáveres se sacaron,
usted salió sin embargo sano;
aguantó muchas y duras pruebas;
¡Al que ayuda ayudó el que de arriba ayuda!

TODOS

¡Salud al probado hombre!
¡Que pueda ayudar todavía mucho tiempo!

FAUSTO

Postraos ante el de arriba,
quien enseña a ayudar y ayuda envía.

WAGNER

¡Cuál no será tu sentimiento, oh gran hombre,
al tener la veneración de estas gentes!
¡Oh dichoso quien por sus dotes
puede alcanzar tal opinión!
Los padres te vienen a mostrar a sus hijos,
cada cual pregunta, se adelanta, se apresura;
tú vas y te esperan en hileras,
vuelan a lo alto los gorros
y poco falta para que se arrodillen
como si llegara el altísimo.

FAUSTO

Solo unos pasitos arriba, hasta aquella piedra.
Aquí vamos a descansar de nuestro paseo.
Aquí me senté yo a menudo solo y pensativo
y me atormenté con oraciones y ayunos.
Sobrado de esperanza, firme en la Fe,
con llantos, suspiros, retorciendo mis manos,
me imaginé que forzaba al señor del cielo
a poner fin a aquella peste.
El aplauso de la gente
ahora me suena a mofa.
Oh, si pudieras leer en mis adentros
qué poco merecedores de esas alabanzas
fuimos padre e hijo.
Mi padre fue un oscuro hidalgo
quien de la natura y de su sagrado círculo,
con honradez -aunque a su manera-
meditaba con febril esfuerzo.
En compañía de adeptos
se encerraba en las negras cocinas,
y con un sinfín de recetas
mezclaba al fuego los contrarios:
Allí salía un león rojo, un arrogante pretendiente.
En tibio baño con el lirio se casaba,
y a ambos entonces con flameante fuego vivo,
en un lecho nupcial, se les daba tormento a uno con otro.
De ahí salía con mil colores
la joven princesa en el vaso.
He ahí la medicina: los pacientes morían
y nadie preguntaba: ¿Cura a alguien?
Así, con infernales remedios,
por estos valles y montañas,
es como fuimos -mucho peores que la peste-
sembrando la desolación.
Yo mismo di a miles el veneno.
Ellos callaron; y yo tengo que ver
cómo se alaba al descarado asesino.

WAGNER

¡Cómo os podéis atormentar por eso!
¿Es que un hombre honrado no hace bastante
con usar cabalmente y con diligencia
el arte que le han enseñado?
Si de joven honras a tu padre,
entonces con gusto recibes las cosas dél.
Si de mayor mejoras la ciencia,
entonces tu hijo puede llegar todavía más alto.

FAUSTO

¡Oh, feliz el que todavía espera
poder salir de este mar de errores!
Lo que no se sabe, es justamente lo que se necesitaba,
y lo que se sabe, no se necesita.



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