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¿Que es del César? Pues para él

Sábado, 30 de Octubre del 2021


El comité de consejeros de la FDA, después de reunirse, recomienda la aprobación de la vacuna Pfizer para niños de entre 5 y 11 años. Para una inyección que, como ya sabe cualquiera, es un veneno (y que hasta oficialmente tiene tantas notificaciones de muertes y daños como todas la vacunas juntas en 30 años de recopilación de estas notificaciones) estos espertos recomiendan que se apruebe para los niños también. Unos días después, la FDA atiende el consejo de su comité y da el permiso para que inyecten a los niños.

Uno de los espertos del comité de consejeros es el Dr. Eric Rubin, catedrático de Harvard y redactor jefe de la prestigiosísima revista científica New England Journal of Medicine. Este eminente doctor dijo que estaba a favor de recomendar este uso infantil y que "nunca vamos a saber cómo es de segura esta vacuna [para los niños] hasta que se las empecemos a poner". (Declaraciones en inglés del Dr. Rubin). Esto es lo que dice la más alta Ciencia, que no es sino la nueva teología necesaria para la nueva forma que ha tomado Dios: la forma de Dinero. La Ciencia es del Señor (¿quién puede dudar que está establecida por el Dinero, dirigida por el Dinero y que todo su objetivo es complacer a su Señor?). La Ciencia es de ellos. De los de arriba: Pues para ellos la Ciencia y sus prestigios.

Recordamos la peripecia que viene en Marcos 12,13:

[Καὶ ἀποστέλλουσιν πρὸς αὐτόν τινας τῶν Φαρισαίων καὶ τῶν Ἡρῳδιανῶν ἵνα αὐτὸν ἀγρεύσωσιν λόγῳ. καὶ ἐλθόντες λέγουσιν αὐτῷ· διδάσκαλε, οἴδαμεν ὅτι ἀληθὴς εἶ καὶ οὐ μέλει σοι περὶ οὐδενός· οὐ γὰρ βλέπεις εἰς πρόσωπον ἀνθρώπων, ἀλλ᾽ ἐπ᾽ ἀληθείας τὴν ὁδὸν τοῦ θεοῦ διδάσκεις· ἔξεστιν δοῦναι κῆνσον Καίσαρι ἢ οὔ; δῶμεν ἢ μὴ δῶμεν; ὁ δὲ εἰδὼς αὐτῶν τὴν ὑπόκρισιν εἶπεν αὐτοῖς· τί με πειράζετε; φέρετέ μοι δηνάριον ἵνα ἴδω. οἱ δὲ ἤνεγκαν. καὶ λέγει αὐτοῖς· τίνος ἡ εἰκὼν αὕτη καὶ ἡ ἐπιγραφή; οἱ δὲ εἶπαν αὐτῷ· Καίσαρος. ὁ δὲ Ἰησοῦς εἶπεν αὐτοῖς· τὰ Καίσαρος ἀπόδοτε Καίσαρι καὶ τὰ τοῦ θεοῦ τῷ θεῷ.]

"Y entonces le envían a algunos de los fariseos y de los de Herodes para apresarlo por sus palabras. Y llegando a él le dicen:

- Maestro, sabemos que eres veraz y que no te preocupas por ninguno, porque no te fijas en la persona de los hombres, sino que enseñas el camino de Dios en verdad. ¿Hay que darle el tributo al César o no? ¿Se lo damos o no?

Viendo él la falsedad de éstos les dijo:

- ¿Por qué me probáis? Traedme un denario para que lo vea.

Y se lo trajeron. Y les dijo:

- ¿De quién es esta imagen y esa iscripción?

Y le dijeron:

- Del César.

Y en respuesta les dijo Jesús:

- Lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios."


Este trocito, que se suele traducir y esplicar bastante desviadamente para intentar desactivarlo, quizá es útil por varias cosas. Primero, se siente (una vez más) cómo de lo que se trata siempre, la tensión del asunto, lo vivo, está precisamente en que se habla de cosas que al Poder le importan mucho. (¿Y qué le puede importar al Poder mucho de lo que hablen, si no es que hablan en su contra, o sea, que contradicen lo que el Poder se ve obligado a defender para sostenerse?). Dice que le envían partidarios y secuaces del rey para intentar atraparle. Y la forma de atraparle es por las cosas que dice. Así que le piden que se declare; que se defina sobre un asunto político concreto.

Pero lo que tenga de ejemplar este cuentecito, viene también una vez más de cómo la palabra viva, en razón, no acepta la exigencia de atenerse a los términos por los que se le preguntan (exigencia típica de cualquier tribunal de justicia), sino que se revuelve contra esa cerrazón, para hablar de lo que de verdad hay que hablar, o sea, para hablar en verdad de lo que pasa y no pasa.

Y así pasa, que en lugar de contestar (como le piden) cómo hay en justicia que hacer con los dineros, si para aquí o para allá, si estos impuestos o los otros (en definitiva, la política de los políticos de la tele), lo que contesta es con un ataque de raíz contra el Dinero mismo. Porque lo que oímos inmediatammente es esto: que les pide a ellos un denario para verlo. O sea, lo que está haciendo con eso, primero, es decir algo tan simple como "yo no uso esos amuletos" (y si los usaba en realidad, o sus discípulos que llevaran la bolsa, no viene al caso, porque ya nos avisa en otro sitio aquello de que "que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha"). Y en seguida remarca otra vez su alejamiento de la cosa al preguntar: ¿Quién es éste? ¿Qué pone ahí? O sea, ¿qué es esto que me dais? ¿De quién es este amuleto?, "Del César", le dicen. Ah, bien, pues si es de él, devolvédselo en seguida. Para él para siempre.

Así que con la Ciencia, igual:

- Aquí tenéis las vacunas, las medicinas, las protecciones, los protocolos para que podáis vivir... Son de la Ciencia.

- Pues si son de la Ciencia, devolvédselo todo en seguida. Para ella. Nosotros, por aquí, a vivir ya ahora con lo que ya ahora nos es dado. (Nos ahorramos lo de traer a Dios en nuestro auxilio, porque es justamente lo que no hace falta: auxilios. Que nos perdonen Marcos y Jesús.)

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