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Nunca volverá a haber una “normalidad”

Miércoles, 20 de enero del 2021

Por William Parker.


Lo hemos escuchado demasiadas veces, la promesa de una vacuna indica en la mente de muchas personas la creencia de que la vida volverá a la “normalidad” que conocimos antes de que comenzara la pandemia. Sin embargo, en mi opinión, hay una serie de impactos a largo plazo que persistirán gracias a los encierros opresivos instigados por los gobiernos de todo el mundo. En primer lugar, creo que vale la pena señalar el hecho de que la vacuna no supondrá el fin de nuestro sufrimiento en el presente, no se puede confiar en que este gobierno [el británico] distribuya la vacuna de manera rápida y ciertamente no se puede confiar en que devolverán nuestras libertades de buena gana, como podríamos esperar que hicieran. Chris Witty [principal asesor médico-científico del gobierno británico] ya ha dicho que el próximo invierno podrían ser necesarias restricciones para combatir el habitual brote de gripe, lo que es un ejemplo de cómo los gobiernos de todo el mundo van a poner ahora las medidas de salud en el centro de cómo gobiernan.

La salud física es ahora una prioridad política que se coloca por encima de todas las demás: por encima de la libertad, por encima de la salud mental y por encima del apoyo a los medios de vida. La brecha de clase que va a surgir en los próximos años gracias al cierre de escuelas, la cancelación de exámenes y la devaluación de títulos universitarios, perjudicará a los más vulnerables mucho después de que el COVID termine. SAGE y el Primer Ministro se han mostrado más que dispuestos a sacrificar el futuro de aquellos que ni siquiera son clínicamente vulnerables al COVID-19, y no cabe ninguna duda de que estarían dispuestos a hacer esos mismos sacrificios de nuevo.

En lugar de traer el fin o una reducción de la globalización, el coronavirus la ha acelerado, con los países promoviendo las mismas políticas de salud a petición de organizaciones internacionales como la OMC. Esta tendencia en la que la gobernanza global se lleva a cabo por decreto médico es una tendencia que se va a afianzar indefinidamente. Un poderoso lobby de las élites eclipsará a los gobiernos nacionales, exigiendo que éstos tomen medidas estrictas de salud pública sin tener para nada en cuenta el daño que puedan causar. Los científicos han sido ahora aupados, su consejo está por encima de todo lo demás: ahora tendrán un poder que nunca antes habían tenido.

Más allá de los grandes factores, las pequeñas cosas de nuestras vidas van a transformarse. Las máscaras permanecerán, los lugares de trabajo optarán ahora por el trabajo online en lugar del espacio de la oficina, y los gobiernos exigirán que seamos cautelosos en todo momento en lo que respecta a contraer enfermedades, incluso después de que el COVID-19 sea derrotado. La policía se ha envalentonado y el público ha demostrado que dará su consentimiento automáticamente respecto a la privación de las libertades, si se les dice que es por las razones correctas.

Tenemos que preguntarnos qué poderes se devolverán y qué precedente sienta esto para el estado y la policía en nuestra vida cotidiana. Está claro, desde cualquier ángulo desde el que se mire, que la pandemia lo ha cambiado todo y que nunca volverá a haber la “normalidad” que conocimos.

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