Contra el Encierro
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Manifiesto de la Dra. María José Martínez Albarracín el 23 de Enero en Madrid

“Buenas noches, queridos compañeros venidos de toda España, hermanos, amigos en el alma: En nombre del colectivo “Médicos por la Verdad” y en el mío propio, quiero manifestar:

1

La supuesta “pandemia” que en la primavera de 2020 ocasionó en España un pico epidémico de un síndrome agudo hemofagocítico, con alta mortalidad, se ha mantenido artificialmente hasta el momento actual, englobando cualquier cuadro gripal e incluso a sanos, como casos “asintomáticos”, en base a tests inespecíficos e inadecuados para el diagnóstico nosológico y virológico, como ha demostrado de forma incuestionable la publicación científica titulada “Revisión Corman-Drosten”.

2

Las medidas de “lockdown”, confinamientos y cierres, no han servido para prevenir la supuesta “pandemia”, ya que las curvas epidémicas han sido prácticamente idénticas en los diversos países, con grandes diferencias en la aplicación de dichas medidas.

3

Estas medidas han sido extraordinariamente perniciosas para nuestra sociedad, causando ruina económica, hambre, suicidios, enfermedad mental, descuido en el diagnóstico y tratamiento de muchas patologías y, en resumen, causando una mayor morbimortalidad de la que pretenden evitar.

4

El uso sistemático e indiscriminado de máscaras faciales, incluso al aire libre, y por los niños menores de 12 años, supone una agresión a la dignidad y a la integridad psicofísica, así como un perjuicio a la salud que no está compensado por la inutilidad de su capacidad de prevención frente a aerosoles.

5

Con la excusa de la pandemia, se han tomado medidas restrictivas de la libertad y los derechos civiles, como el libre movimiento y circulación, la libre residencia, derecho de reunión y de manifestación, que contravienen los principios democráticos recogidos en nuestra Constitución y en diversos Tratados Internacionales, y que no está demostrado que sirvan para ningún tipo de protección ni de prevención.

6

Lo que es aún más grave, es que se ha restringido, de forma dictatorial, la libertad de expresión, la libertad de discrepar de las medidas y explicaciones oficialistas, tachando sin más de “negacionista” cualquier opinión científica y rigurosamente fundamentada que sea contraria a las “verdades” dogmáticas, que son impuestas desde el oficialismo.

7

Los medios de comunicación de masas, especialmente la televisión, puntualmente incentivados por el Gobierno, se han dedicado a difundir un mensaje monolítico, y a veces no contrastado, que ha infundido el miedo y el odio en la población, y que ha hecho un flaco favor a la sociedad.

8

Las Instituciones, silentes y colaboracionistas, traicionando sus códigos deontológicos, se han prestado con sumisión al discurso monolítico, e incluso a la caza de brujas de los discrepantes, cual nueva inquisición teológica.

9

Ha tomado gran protagonismo una nueva casta de pseudoperiodismo, autodenominado “verificadores” o “chequeadores” de la información, que sin ser especialistas en nada se arrogan el derecho a todo, y a pontificar desde sus “cátedras”, cual orwelliano “Ministerio de la Verdad”.

10

La única solución que se nos quiere imponer para acabar con esta supuesta “pandemia”, es un fármaco génico experimental, al que hacen llamar “vacuna”, que ya estaba diseñado mucho antes de la pandemia, y a esto quiero recordar por ejemplo el proyecto Cordis, financiado por la UE con aproximadamente 14 millones de euros, que es un proyecto de transgénesis persistente, y también diversas patentes (como la de Moderna), que ya estaban presentadas nueve meses antes de que apareciera el famoso virus en Wuhan. Por eso digo que este fármaco estaba diseñado mucho antes de la pandemia, y del que los mismos fabricantes nos dicen que no saben si prevendrá el contagio y la transmisión vírica, que no saben si producirá inmunidad, ni cuánto durará ésta, en caso de producirla, que no se ha experimentado el tiempo necesario para conocer determinados efectos adversos, por ejemplo en la fertilidad humana, y del que exigen a los gobiernos que les exima de responder legalmente ante dichos efectos adversos. Ante esta realidad distópica, vislumbrada en las peores pesadillas de la Humanidad, reivindicamos los Derechos Fundamentales recogidos en la Carta de Derechos Humanos de la ONU y que hoy más que nunca se nos presentan como papel mojado.

Ante esta realidad distópica, vislumbrada en las peores pesadillas de la Humanidad, reivindicamos los Derechos Fundamentales recogidos en la Carta de Derechos Humanos de la ONU y que hoy más que nunca se nos presentan como papel mojado.

Manifestamos:

Que somos seres humanos nacidos libres y con libre albedrío, y que el poder de nuestra conciencia nunca lo cederemos.

Que nuestro cuerpo es nuestro templo, que no estamos dispuestos a ceder a ningún tipo de manipulación génica, ni de experimento de laboratorio.

Que exigimos tener voz y voto en la que respecta a nuestra salud y a nuestra vida, y no hemos dado patente de corso a los partidos políticos, que en temas tan delicados están demostrando no representarse más que a ellos mismos y a sus escaños.

Por último:

Queremos invitar a los dudosos y a los tibios, a que no colaboren con la mentira. El mal sólo puede triunfar porque los buenos no hacen nada por impedirlo. Invitarlos a que se unan a nuestras legítimas reclamaciones y a que se manifiesten en favor de la vida, pues de seguir por el camino que nos marcan oscuras agendas transnacionales no saldrán bien parados ni ellos ni sus familias y pronto les afectará también a aquellos que se creen seguros en sus parapetos oficialistas y colaboracionistas.

¡Libertad, libertad, libertad!



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