Contra el Encierro
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Ficticia Identidad

Traemos esta pieza que anda por ahí:

"Nada más nacer, te dan un nombre, una religión, una nacionalidad, una raza y un número de identificación fiscal. A partir de ese día, te pasas el resto de tu vida defendiendo una identidad ficticia."

Hay que hacer algún comentario al testo:

1.- La verdad es que todas esas cosas que te dan, te las dan ya antes de que nazcas. Incluso con album de fotos y vídeos uterinos, si hace falta.

2.- La identidad, efectivamente, hay que defenderla. Pero la identidad, sea la que sea, es siempre "ficticia". La mayor miseria que le cae encima a los individuos es que les hacen creer que tienen una identidad. El individuo es el que sabe quién es y lo declara y defiende a cada paso. Sin embargo, como hay algo por debajo del individuo que no se lo cree; que no sabe quién es, que no se traga esa costante defensa y declaración individual, pues pasa que a veces salen demasiado a la vista esas dudas, esa falta de Fe, y es lo que llaman problemas de Identidad.

El Régimen, ante algo tan grave (no hay nada más grave para su sostenimiento), pone en marcha todo tipo de medidas para tratar esos problemas. Son muy variadas, pero todas siguen el mismo camino: hacer ver, convencer, animar al paciente a que encuentre esa identidad, a que olvide sus dudas que le dan tanto que sufrir. Si no olvidarlas del todo, por lo menos hacerlas llevaderas; que puedan estar como olvidadas, de forma que el sujeto pueda acomodarse a la Realidad (al Régimen) con la mayor normalidad posible. Es el camino de la Fe y el camino de la miseria: porque en vano se acalla lo que por lo bajo dice: "ya, pero... es mentira". Son las medidas y terapias que perpetúan el engaño; que se fundan en él: "Te vamos a tratar para que encuentres tu identidad; para que sepas quién eres. Ése es el ojjetivo".

Por contra, a la contra de ese camino de Fe, está esto otro que suena ahora. Esto que ataca a la idea misma de que hay algo que es mi ser o mi identidad. Que ataca a la trola de que puedo saber quién soy (cuando no lo sé, ni falta que me hace). Ahí, en ese punto, con esta forma de tratamiento del problema, al paciente le cambia la cara. Ahí se siente algo que no es el camino del esfuerzo para conseguir el ojjetivo futuro. Aquí se está haciendo algo ahora de verdad en contra; de verdad para librarnos; de verdad para disolver el asunto. O sea, para disolver esa fantasía disparatada de la Identidad, que ningún niño trae consigo y que el Dinero le impone antes ya de nacer. Esta forma de atacar de verdad los problemas de Identidad es la que, por nada del mundo, puede consentir el Régimen. No puede consentir que se acaben los problemas de Identidad, porque se acabaría ipso facto el Dinero mismo. Cosa que, por cierto, nadie puede en razón asegurar que no pase. El Dinero (el Futuro), contra lo que él dice de sí mismo, no hay ninguna garantía de que no vaya a desaparecer; a pasar como un mal sueño.

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