Contra el Encierro
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Héroes

Artículo de Virginia



No lo pueden creer, no pueden creer que nuestros sanitarios, que nuestros muchachos y muchachas, que se han dejado y se dejan la piel en la lucha contra el virus, estén equivocados, sean tan víctimas como cualquiera del engaño de la pandemia y colaboren más que cualquiera con ese engaño. ¿Cómo van a ser malos nuestros muchachos? No me lo creo. No me creo que toda esa gente esté poniendo en práctica protocolos y tratamientos dañinos y no se entere o no quiera enterarse. Me creo que los soldados de antaño tenían su fe y morían y mataban por ella, me creo que los nazis eran malos y que convencieron o engañaron a mucha gente —pero eso es en la historia, en los documentales y las películas: en la vida real, la mayor parte de la gente son gente decente, que no hacen cosas malas y criminales.

Y dentro de esa mayoría de gente decente están los héroes: aquellos de los que se piensa que se dejan la piel por salvar a los demás. Empezaron siendo los guerreros, los soldados, que matan para salvar vidas, para salvar al pueblo, y acaban siendo los «sanitarios», que hacen lo mismo: en la mitología propagada por los medios de formación de masas, matan al virus; en la sospecha del pueblo desengañado, matan a la gente, y por eso los llaman ‘matasanos’.

Y la gente les aplaude siempre a los héroes, más cuanto más matan, porque el mito dice siempre: Cuanto más matan, más salvan. Dirán algunos que hay grandes diferencias —y es verdad que las tácticas de la masacre y la opresión han progresado mucho. Hay diferencias, pero también más parecidos de los que habitualmente se reconocen (por más que el carácter bélico de la empresa no se haya disimulado en absoluto). También aquellas guerras a la antigua usanza perjudicaban al pueblo al que decían salvar, también movían dinero, información y poder, también se hacían en nombre del bien más alto e indiscutible: la patria, la vida, la salvación, los mayores, las mujeres, los niños —hoy llamados ‘vulnerables’, entonces ‘débiles’.

Pero el mundo es ya uno, y no queda enemigo esterno —humano— que justifique la empresa de la guerra contra la gente, la guerra abierta, por más que disimulada, del Poder contra la gente. Y los hombres civilizados, que se habían vuelto pacifistas, humanistas, ilustrados, tolerantes, siguen aplaudiendo a sus opresores, siguen ofreciendo sacrificios para salvar a la patria, y vuelven a llamar héroes a los que no deciden la guerra pero la llevan a cabo.

Sí, a la patria. Porque ¿qué es la salud pública más que la patria? O, si lo preferís, ¿qué era la patria más que la salud pública por la que había que sacrificarse? ¿Qué más da Patria que Salud Pública que Bien Común? ¡Es estupendo haber abolido una palabra para poder guardarle una fe más perfecta a su Idea! ¡Es estupendo pensar en las gentes pasadas como unos tontos que vivían en una especie de tiniebla de brutalidad y superstición que los rayos del sol de nuestro vago mundo progresado habrían despejado definitivamente!

No: la obediencia es siempre la misma. Tú eres ellos. Tú eres los nazis, los fascistas, los bolcheviques, los grises, los yanquis, los españoles, los romanos. Sólo cuando veas cómo eres ellos, cómo operan en ti y te gobiernan los mismos ideales, podrás dejar, tal vez, de serlo.

30 de enero y 26 de marzo de 2021.



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