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Brendan O’Neill: "En defensa de Karol Sikora"

Este es el artículo escrito por Brendan O’Neill el día 2 de enero "En defensa de Karol Sikora". Sikora es oncólogo de la Universidad de Buckingham y se le conoce en Reino Unido como el “Profesor Positivo”. El artículo de O’Neill, publicado en spiked, página web de la que es editor, es una respuesta al ataque de Owen Jones contra Sikora (que puede leerse traducido a continuación de éste), publicado en The Guardian el 1 de enero. [Los artículos originales en ingles son éstos: Bredan O'Neill y Owen Jones.]

En defensa de Karol Sikora

Brendan O’Neill, 2 de enero de 2021.

La caza de brujas de Sikora es un nuevo punto bajo para los dogmáticos del culto al encierro.

No es sólo el Covid-19 el que está mutando. También lo está haciendo la cultura de la cancelación. Esta desagradable cepa de censura se está extendiendo, intensificándose, volviéndose cada vez más venenosa y dañina para el cuerpo político. Cuanto más se propaga el coronavirus, más se propaga también el virus de la cancelación, con hordas de censores y neo-stalinistas exigiendo ahora el silenciamiento y el castigo de quienquiera que se desvíe aunque sea ligeramente del consenso sobre el Covid-19. Sólo hay que acordarse de los esfuerzos actuales para destruir la reputación de Karol Sikora.

El Profesor Sikora es el experto en cáncer que ha cuestionado el consenso sobre el Covid durante los últimos meses. Ha cuestionado la necesidad de los encierros severos y ha provocado un escándalo necesario por la suspensión por parte del NHS [siglas en inglés del Servicio Nacional de Salud de Gran Bretaña] de varias formas de tratamiento médico, incluido el cáncer. En la niebla de miedo que rodea al Covid-19, Sikora ha arrojado una luz de esperanza. Lo superaremos, dice. No viváis atemorizados, proclama. Dejad que la vida normal y el tratamiento médico normal continúen tanto como sea posible, aconseja. ¿Ha acertado siempre? Por supuesto que no. Mostradme quién lo hace. Sugirió que no habría una segunda ola. En mayo dijo que, llegado agosto, las cosas “volverán prácticamente a la normalidad”. Eso fue un error. ¡Colgadle! Sacad los tomates podridos. Y tirádselos a este criminal del discurso por haber hecho una predicción incorrecta.

Por el supuesto crimen de no haber acertado plenamente sobre el curso que tomaría el coronavirus, el Profesor Sikora es ahora el enemigo público número uno a los ojos de los fanáticos del encierro. En cabeza de la turba, como suele ser el caso últimamente, está el columnista de The Guardian Owen Jones. Desde el comienzo mismo de la crisis del Covid, Jones, como muchos otros millennials privilegiados de izquierdas, se ha deleitado con el autoritarismo del encierro. En marzo expresó su satisfacción por haber sido “puesto bajo arresto domiciliario junto con millones de personas en un estado policial dirigido por un gobierno conservador de derechas”. Sí, si eres una persona acomodada, de clase media, capaz de trabajar desde casa y sin cáncer, el encierro fue seguramente el desmadre. Para otra gente, sin embargo, no fue así. El principal pecado del Profesor Sikora fue expresar esta verdad, decir que el encierro se cobrará un precio tremendo para muchas personas, y ahora los beneficiarios privilegiados del encierro como el Señor Jones están dispuestos a destruirle por ello.

La queja de Jones respecto a Sikora es que se ha equivocado en algunas cosas y que ha criticado la política de encierros. Se ensaña con la propuesta de Sikora de que en lugar de encerrar a toda la población, deberíamos implementar medidas de protección para ciertos sectores de la población: “los ancianos y vulnerables”. Se burla de Sikora por ser demasiado alegre. “El Profesor Positivo”. El optimismo es un crimen en la tierra de los misántropos. Pero lo más notable es que, dejando asomar sus tendencias antiliberales, Jones no se limita a criticar a Sikora, lo que sería correcto; todos deben tener derecho a criticar a los demás. No, también sugiere que a Sikora se le debería negar el oxígeno de la publicidad. Los medios de comunicación que dan una tribuna a Sikora deberían avergonzarse de sí mismos, dice. Están “ayudando a difundir la desinformación” y eso es peligroso durante una pandemia.

En resumen, la disidencia mata. La crítica del consenso no sólo es incorrecta, es potencialmente letal: amenaza con contaminar el alma de los hombres y alentar a las personas a tomar riesgos imprudentes que literalmente podrían hacerlas enfermar. Si esto te suena familiar, es porque ha sido la exigencia de todos los censores de la historia, desde Torquemada hasta Joe McCarthy y los chicos pijos de pelo azul que pululan por los campus de la anglosfera hoy en día: “las palabras no sólo son incorrectas a veces, también son peligrosas y asesinas”, graznan todos ellos. Ahora se dice lo mismo sobre Sikora y otros disidentes del consenso del encierro. La columna de Jones es un nuevo punto bajo, incluso para él. Es un esfuerzo estridente, vengativo y transparente para lograr la expulsión de la vida mediática de un hombre que se ha atrevido a decir que necesitamos más equilibrio en nuestro enfoque respecto al Covid-19.

Jones no está solo en la guerra contra Sikora. El autoritario de derechas Sam Bowman ha calificado a Sikora y a otros escépticos, incluida Sunetra Gupta, profesora de epidemiología en la Universidad de Oxford que apoya la Declaración de Great Barrington, de “chiflados”. Bowman, investigador del Instituto Adam Smith, deplora la sugerencia hecha por estas personas de que deberíamos tratar de proteger a los vulnerables en nombre de la preservación de la libertad. Está mucho más interesado en el enfoque de China respecto al Covid, que, no lo olvidemos, implicaba literalmente encerrar a las personas en sus hogares y silenciar a los médicos escépticos. ¿Quién podía predecir que en 2020 el ISA se declararía cómplice de la dictadura comunista china? Además de ello, Sikora ha sido censurado por YouTube y regularmente es objeto de insultos y acusaciones de estar matando gente.

Estamos ya de lleno en territorio de caza de brujas. Sikora, Gupta, Carl Heneghan, también de Oxford, y otros, son hoy demonizados de forma rutinaria. Deben ser silenciados, gritan los fanáticos antiliberales. Los cazadores de brujas han ayudado a desatar el abuso histérico contra los escépticos. Gupta dice que recibe regularmente correos electrónicos llamándola malvada y peligrosa. Incluso ha llegado a preguntarse: “¿Me habrían tratado así si fuera un hombre blanco?” Por supuesto, los identitarios que normalmente defienden a las mujeres de minorías étnicas que son troleadas y acosadas no tienen nada que decir sobre los ataques verbales contra Gupta, porque para ellos ella es escoria. Bueno, ella es crítica con los encierros, así que tiene que ser escoria, ¿no?

Esta es la atmósfera aterradora que los dogmáticos del encierro han ayudado a crear: una atmósfera en la que realizar una leve crítica a la estrategia del encierro equivale ahora a un delito de discurso. Las Big Tech [grandes compañías tecnológicas] te censurarán, la muchedumbre te acosará, los neo-estalinistas exigirán que se te ponga en la lista negra, porque, no os equivoquéis, eso es lo que en el fondo pide la gente como Jones cuando sugieren que Sikora y otros no deberían estar en las “plataformas”. Un clima de venganza macartista rodea la crisis del Covid, haciendo que el encierro sea aún más autoritario de lo que ya lo era; ahora no son sólo nuestras vidas diarias las que son encerradas; también lo son nuestras mentes y nuestros pensamientos.

Hay dos cosas que decir al respecto. La primera es simplemente maravillarse con el descaro de los comentaristas que tildan de “peligroso” a un oncólogo célebre como Sikora. Éste se ha equivocado durante el encierro, como todo el mundo, pero me parece fuera de toda duda que ha hecho mucho más bien en 2020 del que hicieron los comentaristas que le critican. Mantuvo la presión sobre el NHS para que se volvieran a tratar otras cosas además del Covid. Llamó la atención continuamente sobre la inminente crisis del cáncer. Ofreció consejos a los enfermos de cáncer. E interrumpió la tristeza misantrópica del culto al encierro diciendo que algún día saldremos de esta crisis. Su voz ha sido mucho más refrescante, y fundamentalmente honesta, que las repetitivas noticias de terror y atemorización histérica que han intensificado la sensación de desesperación y atomización de la gente.

Y en segundo lugar, aún más importante, está el pequeño asunto de la libertad de expresión. De la libertad de conciencia. Estas cosas no se vuelven menos importantes cuando la sociedad se enfrenta a un desafío significativo como el Covid-19, se vuelven más importantes. Disentir siempre es bueno; pero en una era de autoritarismo sin precedentes se vuelve esencial. Cuando la burocracia asume el control de todos los aspectos de nuestra vida -nuestra vida social, nuestra vida familiar, si podemos ir a trabajar, incluso si podemos salir de casa- entonces es absolutamente correcto poner en duda las cosas, constantemente, sin vacilar. Nadie debería sentirse cómodo con la suspensión de la libertad. Habría que hablar de ello y que cuestionarlo a todas horas, todos los días. Si esos cuestionamientos son “correctos” o “incorrectos” no es lo más importante aquí; lo más importante es que mantengamos una cultura de crítica en respuesta al clima de autoritarismo más extraordinario que cualquiera de nosotros haya experimentado.

El dogma es enemigo del progreso. La disensión, por irritante que pueda resultar para la policía, el gobierno y el Guardian, es garante del progreso. Es el medio por el cual todos nosotros, incluida la sociedad en general, consideramos la posibilidad de estar equivocados. Que los encierros son un error, que darles a los adolescentes inhibidores de la pubertad es un error, que la Tierra de hecho no está en el centro del sistema solar. El dogma protege de las críticas incluso a las políticas inmorales y al pensamiento incorrecto, demonizando a los disidentes; la disensión, por otro lado, ayuda a arrojar luz sobre lo equivocado de ciertas estrategias políticas o creencias ideológicas al fomentar la crítica y el escrutinio. Incluso cuando los disidentes se equivocan, en realidad el clima que ayudan a crear es de enorme beneficio para la sociedad y la humanidad.

Debemos defender la libertad de expresión durante esta crisis. Nuestras vidas están bloqueadas, y mucha gente lo acepta como una medida temporal, pero nuestras mentes no deben bloqueadas nunca. El pensamiento libre y la libertad de expresión son los grandes resguardos -nuestros únicos resguardos, de hecho- contra la osificación del debate público y la creación de nuevas ortodoxias y políticas potencialmente dañinas. Si permitimos que el pensamiento libre muera junto con la economía, con los trabajos de millones de personas y con los pacientes de cáncer que han sido desatendidos durante meses, entonces la sociedad será mucho más pobre durante mucho, mucho tiempo. Así que continúe, Profesor Positivo. La disensión es ahora el deber de todo individuo que quiera asegurarse de que la libertad siga respirando cuando se ponga fin a este maldito encierro.

Brendan O’Neill es editor de spiked y presentador del podcast de spiked, The Brendan O’Neill Show. Encuentra a Brendan en Instagram: @burntoakboy




Dar falsas esperanzas a la gente sobre la pandemia no es ‘equilibrado’ – es peligroso

Owen Jones, 1 de enero de 2021.

Los medios no deberían promover la desinformación disfrazada de debate.

El profesor Karol Sikora, oncólogo de la privada Universidad de Buckingham, se ha convertido en una estrella de las redes sociales y un habitual en las pantallas de televisión, gracias a sus tweets virales. Puede entenderse por qué el “Profesor Positivo” ha adquirido una base de fans tan amplia: en una era de muerte, enfermedad, agitación económica y libertades suspendidas, ofrece a las personas desesperadas -y a menudo vulnerables- lo que más ansían: esperanza. Su fórmula es simple: contrariamente a la miseria que venden los mercaderes de la fatalidad, las medidas que ahogan nuestra vida económica y personal pueden no ser necesarias.

Pero no hay nada tan cruel como la falsa esperanza, y durante una pandemia en la que la vida de las personas depende del cumplimiento de las medidas de distanciamiento social, puede ser peligrosa. Sikora no es virólogo ni epidemiólogo: es un especialista en cáncer. Eso no debería impedirle hacer comentarios sobre el coronavirus: abundan los periódicos y programas de televisión en los que no especialistas discuten la respuesta del gobierno a la crisis, que es como debe ser en una democracia. Lo que importa es que él disiente del consenso médico sobre cómo hay que derrotar al virus.

En 2018, la BBC envió una nota informativa a su personal pidiéndoles que estuvieran atentos a las falsas equivalencias, admitiendo que la BBC había ofrecido una cobertura “errónea” de la crisis climática “con demasiada frecuencia”, y diciéndoles que “no se necesitaba un ‘negacionista’ para equilibrar el debate”. Ésta es la posición correcta: el que un grupo marginal de científicos respalde el negacionismo climático no significa que éste deba ser tratardo como el “otro lado” legítimo y válido del argumento.

Pero Sikora tiene el título de Profesor junto a su nombre, y decía cosas muy diferentes y tranquilizadoras en comparación con otros expertos aparentemente aterrorizados, y que tenían el mismo título. “El pánico y el miedo solo empeorarán la situación”, tuiteó Sikora dos días después de que comenzara el primer encierro y quince días antes de que mil o más británicos murieran al día por Covid-19. “Si se siguen las reglas del gobierno, volveremos a la normalidad en junio”.

En mayo, Sikora se sintió reivindicado, y se alzó la soberbia. “Algunos se rieron de mi predicción a fines de marzo de que comenzaríamos a volver a la normalidad alrededor de la segunda semana de mayo -¡era correcta!” declaró. “Creo que para agosto las cosas volverán prácticamente a la normalidad, tal vez antes”. Añadió una débil advertencia: “¡Tenemos siempre que prepararnos para lo peor, pero esperar lo mejor!"

A medida que se acercaba el otoño, comenzó a exagerar su optimismo y su experiencia. En declaraciones a la BBC, se mostró a favor de predecir que “la cosa simplemente se está apagando, causa muy pocas muertes, muy pocas hospitalizaciones” y “gradualmente se convierte” en algo como la gripe o el resfriado común. Fueron afirmaciones condenadas por un destacado científico como “muy peligrosas”; otro declaró que “Esto no se está apagando en ningún sentido. Minimizar la gravedad de esta enfermedad corre el riesgo de hacerla resurgir en una escala preocupante”.

Sikora se puso manos a la obra. Cuando el Grupo Asesor Científico para Emergencias (Sage, en sus siglas en inglés) recomendó un encierro que interrumpiera el circuito con el fin de evitar una “catástrofe”, Sikora firmó una carta en la que pedía que se abandonara el enfoque actual en favor de medidas específicas destinadas a los ancianos y vulnerables, descritas por un científico como un “velado regreso a la estrategia de inmunidad de rebaño”.

Todavía peor, hace sólo 15 días, Sikora firmó una columna en el Daily Mail presionando para que se suavizaran las restricciones para Navidad y ridiculizando las noticias sobre una cepa más contagiosa: “como si estuviéramos viviendo un capítulo de El día de los trífidos, de John Wyndham”. Sabemos lo que vino después: más de 50.000 infecciones en un solo día. Y, sin embargo, mientras escribo esto, Sikora aparece en la BBC Radio 2 como experto invitado.

¿Por qué Sikora ha recibido un apoyo tan sistemático por parte de los medios de comunicación durante la crisis? Cualquier acción rutinaria de cautela debería haber hecho saltar las alarmas. En 2009, el Imperial College de Londres contrató asesoramiento legal para evitar que Sikora afirmara que tenía una cátedra honorífica allí, y su rector declaró: “Este individuo ha sido advertido antes por el College por afirmar que trabaja para nosotros” En el pasado, Sikora ha aparecido en anuncios de la derecha en los Estados Unidos atacando al NHS [Servicio Nacional de Salud británico], en los que afirma que los pacientes han “perdido el control sobre su propio destino en el sistema de salud”. Incluso ha denunciado al NHS como “el último bastión del comunismo”.

Sikora ha afirmado en todo momento que lo que le motiva es el “desastre que está cayendo” sobre los pacientes con cáncer que no reciben el tratamiento que necesitan debido al coronavirus. Pero sin medidas estrictas para reprimir el coronavirus, nuestro sistema de atención médica se vería abrumado, y no podría tratar a pacientes con cáncer ni a otras personas terriblemente enfermas. Podemos ver que esto es lo que está sucediendo en nuestros hospitales ahora, con el NHS encarando la perspectiva de “decisiones terribles” sobre quién recibe tratamiento, y eso antes de que los números de casos actuales se traduzcan en más muertes en las próximas semanas.

Siempre habrá personas como Sikora que disientan del pensamiento consensuado, y el desafiar hipótesis es parte del trabajo científico. Pero hemos vivido con el virus el tiempo suficiente como para probar y establecer los hechos: este virus se propaga a través del contacto social, ha mutado a una cepa que se transmite con mayor facilidad, es al menos 10 veces más letal que la gripe, y está presionando a nuestro NHS hasta el límite.

Ya sea que el objetivo sea el equilibrio o el sensacionalismo -o tal vez lo segundo, oculto bajo la apariencia de lo primero- los productores y editores que brindan una tribuna a Sikora deberían pararse a reflexionar sobre las consecuencias de sus decisiones. Son responsables de ayudar a difundir la desinformación y desacreditar las voces legítimas de científicos, médicos, enfermeras y paramédicos que han entendido la magnitud de la crisis desde el principio.

Owen Jones es columnista de The Guardian



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