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Se aprueba la vacuna de Pfizer en los EE.UU.

La prensa reconoce que la aprobación tiene un fin propagandístico (para animar a los «dudosos» a vacunarse) y político (que se puedan imponer obligaciones de vacunación), y se quedan tan anchos. En la nota de prensa del organismo que ha dado su aprobación al producto (la FDA) se reconoce que «los datos demuestran un aumento de los riesgos» de inflamación del corazón en los vacunados, sobre todo entre los más jóvenes, y lo mismo. No tienen ya siquiera que hacer las trampas que suelen de decir que son casos raros o que los beneficios superan a los riesgos. En el propio documento de aprobación, la FDA reconoce que sus sistemas de vigilancia no dan abasto para estudiar estos daños, y le encarga estos estudios, que acabarán en el 2027, a la propia empresa que vende el producto. Ésta es la aprobación que ha de inspirar confianza a los que todavía dudaban si vacunarse o vacunar a sus hijos. El resto de las aprobaciones están en camino, y con ellas los pases y pasaportes, y, con los pases y pasaportes, el delirio del ideal del saber digital del ser y posición de cada partícula social en todo momento, de la identificación «en tiempo real» de todo peligro y su eliminación inmediata.

Artículo de Virginia. Madrid, 6 de septiembre
(corregido el 18 de septiembre), 2021.



El 23 de agosto, aprovechando la falta de atención a la actualidad propia del verano, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés) concedió la aprobación total a la vacuna de Pfizer, que allí pasará a llamarse Comirnaty [1] y que hasta ahora contaba sólo con una «autorización de uso de emergencia», conseguida gracias a la situación de emergencia fabricada por los medios, los estados, las organizaciones supraestatales y no estatales y la fe de millones de súbditos idiotizados por la propaganda. Un gran paso para Pfizer, la Ciencia y la Humanidad, sobre todo teniendo en cuenta que hasta ahora se requerían cinco años como mínimo para conseguir una de estas patentes de corso vacunales (según el esquema del Instituto Johns Hopkins), aunque lo más normal es que se tardaran entre 10 y 15 años.

En la nota de prensa en la que la FDA informa de la aprobación se cita a la Dra. Janet Woodcock, comisionada en funciones de la FDA:

«Aunque millones de personas han recibido ya con seguridad las vacunas del COVID-19, reconocemos que para algunos la aprobación de una vacuna por parte de la FDA puede ahora inspirar confianza adicional para vacunarse».

En la FDA deben de ser conscientes de que esta misma frase, en la que se reconoce veladamente la función propagandística de la aprobación, puede inspirar más desconfianza que otra cosa, y no la incluyen en la versión en español de la página. Este reconocimiento es más claro en la prensa corriente (por ejemplo la CNN, la CNBC o RTVE), que nos informa sin tapujos de que el proceso de aprobación total ha sido tan rápido precisamente para convencer a la gente de que se vacune, dado que las tasas de vacunación estaban bajando, y que hará posible que los gobiernos estatales y locales impongan obligaciones de vacunarse. Se reconoce así sin el más mínimo pudor lo que en la nota de prensa solamente se entreveía: que los motivos para la aprobación de la vacuna no han sido técnicos o científicos sino políticos y propagandísticos. Anthony Fauci, «el principal experto en enfermedades infecciosas de los EE.UU.», había dicho el 8 de agosto con respecto a esta aprobación:

«Espero —no predigo—, espero que sea en las próximas semanas. Espero que sea en del mes de agosto. [...] Si ése es el caso, se va a ver cómo se fortalecen las iniciativas locales, estableciendo obligaciones que podrían imponerse en colegios, universidades, lugares de negocios, toda una variedad, y yo apoyo firmemente eso. Ha llegado el momento. [...] Tenemos que dar ese paso más para que la gente se vacune.» (CNBC)

El presidente de los EE.UU., por su parte, hizo el mismo día 23 un llamamiento público a empresas privadas, instituciones sin ánimo de lucro y gobiernos estatales y locales para que impusieran este tipo de obligaciones basándose en que la vacuna ya contaba con la aprobación total (NBCnews). El llamamiento no ha caído en saco roto, y las obligaciones parciales (en ciertos trabajos, para entrar a ciertos sitios) se están imponiendo en varios estados y ciudades, además de en el ejército (CNN, ABC).

La prensa no tiene tampoco ningún reparo en explicar que «las autoridades sanitarias federales han estado recibiendo una presión creciente por parte de la comunidad científica y de grupos de presión para que aprueben completamente la vacuna de Pfizer y BioNTech desde que los fabricantes presentaron su solicitud a la agencia a principios de mayo» (CNBC). No se trata de una denuncia: las regulaciones legales establecidas para comprobar que un medicamento es útil y no hace daño, que ya eran bastante laxas de por sí, se vienen hace tiempo presentando al público como mera burocracia y vano legalismo que no hacen sino retrasar la ansiada curación de la sociedad y el individuo de la insidiosa enfermedad de estar vivo.

En la nota de prensa de la FDA se afirma que, según los análisis que la propia FDA ha hecho de los ensayos clínicos de Pfizer, la vacuna tiene una eficacia del 91%. Es de creer que este número, que ha bajado con respecto al 95% de la autorización de emergencia, se habrá calculado igual que ese 95% anterior, cuya mentira está bien explicada en otros sitios y sobre la que no hará falta detenerse mucho aquí: incluso aunque admitiéramos que hay por ahí un virus que es solamente una hipótesis que hace aguas por todas partes, esa eficacia lo sería sólo contra la versión leve de la enfermedad (Doshi, BMJ), y el porcentaje del 95% se había calculado en términos relativos, siendo el resultado en términos absolutos una reducción de las posibilidades de «contagiarse» del 0,84% como mucho (Davies, Off-Guardian [2]).

Pero lo más interesante es el tratamiento de la seguridad del producto:

«La seguridad de Comirnaty se evaluó en aproximadamente 22.000 personas de 16 años o más que recibieron la vacuna y 22.000 que recibieron un placebo. [...]

Más de la mitad de los participantes en el estudio clínico fueron sometidos a un seguimiento de los resultados de seguridad durante al menos cuatro meses después de la segunda dosis. En total, se ha realizado un seguimiento de aproximadamente 12.000 participantes durante al menos 6 meses.»

Lo que no nos van a explicar es por qué no se ha hecho un seguimiento de 6 meses de todos los participantes o qué participantes han quedado fuera de este seguimiento y por qué razones. Pero sigamos:

«Los efectos secundarios más frecuentes notificados por los participantes en el estudio clínico que recibieron Comirnaty fueron dolor, enrojecimiento e hinchazón en el lugar de la inyección, fatiga, dolor de cabeza, dolor muscular o articular, escalofríos y fiebre. La vacuna es eficaz para prevenir el COVID-19 y los resultados potencialmente graves, como la hospitalización y la muerte.»

Los efectos secundarios más frecuentes. Nada se dice con respecto a efectos secundarios graves, que, como no se niega que los haya habido, pueden haberse dado, sólo que no han sido los más frecuentes. Pero ¿en qué medicamento los efectos secundarios graves son los más frecuentes? Entre los efectos secundarios más frecuentes, de todas formas, también entran, aunque no lo parezca por sus nombres, los graves, porque la hinchazón o la fiebre, por ejemplo, pueden ser más o menos graves (presentación de Pfizer sobre la vacuna en sujetos de 12 a 15 años, esp. pp. 6-8). Se está hablando aquí, en todo caso, sólo de los participantes en el estudio o ensayo clínico, y no de las decenas de miles de daños graves y muertes notificadas después de la autorización de emergencia. Sólo en los EE.UU., ha habido con respecto al inyectable de Pfizer 1.517.211 notificaciones de efectos adversos en total, 9.027 de ellas de muerte (Health Impact News). Además, son varios los médicos y científicos que han advertido de que los síntomas leves o incluso la falta de síntomas pueden ocultar un daño mayor del aparente. En el caso de los trombos, denuncian que muchas veces no dan lugar a síntomas graves o perceptibles pero una simple prueba muestra que están ahí (dr. Hoffe, dr. Bhakdi). Algo similar ocurre con la miocarditis y la pericarditis, como ahora veremos.

Llegamos así al párrafo más interesante de esta nota de prensa, que viene justo a continuación del último citado. De entre todos los daños graves notificados, hay uno que se ven obligados a reconocer (subrayados míos):

«Además, la FDA llevó a cabo una evaluación rigurosa de los datos de seguridad recogidos por los sistemas de vigilancia después de la concesión de la autorización relativos a la miocarditis y la pericarditis tras la administración de la vacuna de Pfizer-BioNTech contra el COVID-19 y ha determinado que los datos demuestran un aumento de los riesgos, especialmente en los siete días siguientes a la segunda dosis. El riesgo observado es mayor entre los hombres menores de 40 años en comparación con las mujeres y los hombres mayores. El riesgo observado es mayor en los varones de 12 a 17 años de edad. Los datos disponibles del seguimiento a corto plazo sugieren que la mayoría de las personas han tenido una resolución de los síntomas. Sin embargo, algunas requirieron cuidados intensivos. Todavía no se dispone de información sobre los posibles resultados de salud a largo plazo. La ficha técnica de Comirnaty incluye una advertencia sobre estos riesgos.»

Así, sin más. La vacuna se aprueba reconociendo que vacunarse aumenta el riesgo de padecer miocarditis o pericarditis. Ni siquiera añaden, como suelen, que los beneficios superan a los riesgos. Ni que son casos raros o muy raros. El descaro de las autoridades sanitarias y demás promotores de la guerra contra la gente es cada vez mayor, casi tanto como las tragaderas de los súbditos que todavía no se han hartado de tanta mentira y tanto daño. Ahora mienten diciendo, parcialmente, la verdad. Si no pueden tapar todos los daños, si, por muchas trampas que hagan con los datos, no pueden evitar verse obligados a reconocer que sus inyecciones causan daños graves, entonces, en vez de dejar de vacunar a la gente, aprueban la vacuna y lo ponen en la ficha técnica y en la nota de prensa en la que informan de la aprobación. Y listo: que no se diga que no os avisamos; que no se diga que os ocultamos datos.

Ahora, cosa curiosa: mientras que la FDA puede, y debe, reconocer el aumento de estos casos de inflamación del corazón en los vacunados, en las noticias de la prensa no se dice (hasta donde yo sé) nada sobre ello.

Pero volvamos a nuestra nota, que continúa con una sección titulada nada más y nada menos que «Monitoreo continuo de la seguridad». Éste es su principio (cambio en algunos puntos la traducción):

«La FDA y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades [CDC, por sus siglas en inglés] cuentan con sistemas de monitoreo para asegurar que se identifique y evalúe a tiempo cualquier problema de seguridad. Además, la FDA requiere que la empresa realice estudios posteriores a la comercialización para seguir evaluando los riesgos de miocarditis y pericarditis tras la vacunación con Comirnaty. Estos estudios incluirán una evaluación de los resultados a largo plazo entre las personas que desarrollen miocarditis tras la vacunación con Comirnaty.»

En ningún sitio, ni por asomo, se dice que si encuentran algún problema grave retirarán el producto del mercado, o reducirán su uso, que es lo que se supone que tendrían que hacer. Al revés. «Desde abril del 2021, ha habido un incremento en la notificación de casos de miocarditis y pericarditis en los EE.UU. después de la vacunación de ARNm (Pfizer-BioNTech y Moderna), sobre todo en adolescentes y adultos jóvenes» (CDC); a 23 de junio, «ha[bía] habido más de 1.000 notificaciones» (CDC). En el mundo antepandémico el producto se habría retirado del mercado mucho antes de llegar a semejantes cifras, pero hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad, y en vez de eso, lo que hacen es autorizar la cosa por emergencia para los chicos de 12 a 15 años (que están, según la FDA, entre los que tienen más riesgo de padecer inflamación del corazón) y darle la aprobación total para los 16 años en adelante.

Y encargarle a la empresa que se ocupe de hacer un estudio de la cuestión. No se van a encargar ellos mismos ni le van a encargar a científicos independientes que comprueben que el producto es seguro y puede seguir vendiéndose, no: se lo encargan a la empresa que lo vende. Veamos cómo. Para ello tenemos que saltar de la nota de prensa al propio documento de aprobación, que tiene la forma de una carta de la FDA a Pfizer. Cabe citar lo primero esto:

«No hemos remitido su solicitud al Comité Asesor de Vacunas y Productos Biológicos Relacionados porque nuestra revisión de la información presentada en su BLA [Biologics License Application, Solicitud de Licencia de Productos Biológicos], incluyendo el diseño del estudio clínico y los resultados del ensayo, no suscitó preocupaciones o cuestiones controvertidas que se pudieran haber beneficiado de un debate en el comité asesor» (p. 2).

Lo cual sería alarmante de por sí, pero es completamente descabellado teniendo en cuenta lo que acabamos de leer sobre los casos de inflamación del corazón. Claro que, de nuevo, dicen, a su manera, la verdad: estos casos no salen del estudio clínico y el ensayo de Pfizer, sino de los sistemas de vigilancia de los CDC y la FDA. El Comité Asesor de Vacunas y Productos Biológicos Relacionados tuvo una reunión el 10 de junio en la que se trató la cuestión y se presentaron datos escalofriantes (Actualización de seguridad, esp. p. 17), así que ¿para qué consultarles?

He aquí los términos del encargo según la carta de aprobación del veneno Pfizer-Comirnaty:

«Hemos determinado que un análisis de los acontecimientos adversos espontáneos posteriores a la comercialización notificados en virtud de la sección 505(k)(1) de la FDCA [Federal Food, Drug, and Cosmetic Act, Ley Federal de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos] no será suficiente para evaluar los riesgos graves conocidos de miocarditis y pericarditis e identificar un riesgo grave inesperado de miocarditis subclínica.

Además, el sistema de farmacovigilancia que la FDA debe mantener en virtud de la sección 505(k)(3) de la FDCA no es suficiente para evaluar estos riesgos graves.

Por tanto, basándonos en datos científicos apropiados, hemos establecido que se requiere que realicen ustedes los siguientes experimentos:» (p. 6)

Así que la FDA reconoce que los sistemas de vigilancia que están llevando a cabo «el monitoreo de seguridad más exigente en la historia de los Estados Unidos» (CDC), según se repite en prácticamente todas las páginas divulgativas de las autoridades sanitarias federales, esos sistemas de vigilancia que según la nota de prensa aseguran «que se identifique y evalúe a tiempo cualquier problema de seguridad», no son suficientes. Pero si no son suficientes los sistemas de vigilancia de los Estados Unidos de América, ¿cómo van a serlo los de una empresa privada?

Y es bien cierto que sus sistemas de vigilancia no son suficientes: nunca lo han sido (Kennedy, 21st Century Wire) y no van a serlo ahora, por más que estén trabajando más que nunca, que eso nos lo creemos. No es sólo que con tanta gente vacunada a tanta velocidad no den abasto a procesar y analizar los datos. Es que no dan abasto a justificar, tapar, disimular, trucar los datos hasta darlos por buenos.

Y en consecuencia deciden desentenderse de lo que parece ser el daño del que menos podían desentenderese, porque los datos son tan escandalosos que no ha de resultar fácil disimularlos. Hablan, por un lado, de «los riesgos graves conocidos de miocarditis y pericarditis» y, por otro, de un posible «riesgo grave inesperado de miocarditis subclínica». Lo primero quiere decir que saben («riesgos ... conocidos») que las vacunas producen daños graves de mio- y pericarditis, y lo segundo, que tienen grandes sospechas de que haya otros casos «subclínicos», esto es, sin los síntomas más claros o definitorios. El riesgo de casos subclínicos también se califica de «grave», porque esos daños no identificados podrían dar lugar a problemas de salud graves con el tiempo, según se comentó en la reunión del 10 de junio del comité asesor de vacunas de la FDA (transcripción, p. 287); la cuestión se trató también en la reunión del 23 de junio del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización de los CDC (vídeo, 00:37:55, 01:58:26; presentación de M. Oster, p. 4).

Pero sigamos con la carta de aprobación. Después de los últimos párrafos citados se listan los cuatro estudios que Pfizer ha de perpetrar para ventilarse la cuestión de la miocarditis y la pericarditis provocada por las vacunas (pp. 6-8): uno general, otro en Europa, otro sobre «la historia natural de la miocarditis y la pericarditis después de la administración de Comirnaty» (donde se demostrará fehacientemente que su curso no suele ser grave), «un estudio de cohorte prospectivo con al menos 5 años de seguimiento para detectar posibles secuelas a largo plazo de la miocarditis tras la vacunación (en colaboración con la Pediatric Heart Network)», un «subestudio para evaluar prospectivamente la incidencia de miocarditis subclínica después de la administración de la segunda dosis de Comirnaty en un subgrupo de participantes de 5 a 15 años de edad», y un subestudio de lo mismo para 16 a 30 años. Las fechas límite para la presentación de los informes finales de estos estudios son el 31 de octubre del 2025, el 30 de septiembre del 2024, el 30 de septiembre del 2024, el 31 de mayo del 2027, el 31 de mayo del 2024 y 31 de diciembre del 2022.

El 31 de mayo del 2027, cuando, si nada lo remedia, todo el mundo esté vacunado, terminará Pfizer, la empresa que comercializa la vacuna, los estudios de seguridad de la vacuna con respecto a los casos de mio- y pericarditis de los que las autoridades sanitarias de los Estados Unidos de América, el país de la libertad, han decidido desentenderse.

Pero no tanto como para no seguir explicando en sus páginas institucionales divulgativas que los beneficios de las vacunas superan a los riesgos aun teniendo en cuenta los casos de mio- y pericarditis. He aquí unos pasajes de la página de los CDC titulada «Miocarditis y pericarditis después de recibir una vacuna de ARNm contra el COVID-19», actualización del 23 de junio:

Desde abril del 2021, se han notificado más de mil casos de inflamación cardiaca, conocida como miocarditis o pericarditis [...] en personas que recibieron la vacuna de ARNm contra el COVID-19 [...] en los Estados Unidos. [...]

¿Tendría aun así que vacunarme o vacunar a mi hijo?

Sí. Los CDC siguen recomendando la vacunación contra el COVID-19 para todas las personas de 12 años de edad o más, debido al riesgo que suponen el COVID-19 y sus posibles complicaciones graves, como problemas de salud a largo plazo, hospitalizaciones e incluso la muerte. Si usted o su hijo ya han recibido la primera dosis de las vacunas de Pfizer-BioNTech o de Moderna, es importante que reciban la segunda dosis  excepto que un proveedor de vacunación o su médico le indiquen que no lo haga [poco antes se decía que los casos confirmados «fueron más frecuentes después de la segunda dosis»].

Los beneficios conocidos y potenciales de la vacunación contra el COVID-19 superan los riesgos conocidos y potenciales, incluido el posible riesgo de miocarditis o pericarditis.

El producto vacunatorio de la empresa Pfizer ha recibido esta aprobación total para su administración de los 16 años en adelante. La administración por uso de emergencia al grupo de 12 a 15 años, que entra dentro de los de mayor riesgo de mio- y pericarditis, no ha cambiado. Según la prensa, la aprobación para adultos está alentando nuevas presiones para que se autorice vacunar también a los menores de 12 años (The Hill), y en la carta de aprobación se requiere de Pfizer que haga también estudios pediátricos para evaluar la seguridad y eficacia de la vacuna en niños de 12 a 15 años, de 6 meses a menos de 12 años y en lactantes de menos de 6 meses. Las fechas límite para la presentación de los protocolos para estos estudios son el 7 de octubre del 2020, el 8 de febrero del 2021 y el 31 de enero del 2022, y para la presentación de los informes finales, el 31 de octubre del 2023, el 31 de mayo del 2024 y el 31 de octubre del 2024 (pp. 4-6). Como con los mayores, primero darán la autorización de emergencia, luego aprobarán, y luego ya si eso sacarán los resultados de seguridad del producto inyectado a millones de súbditos.

Ésta es la aprobación que ha de inspirar confianza a los que todavía dudaban si vacunarse o vacunar a sus hijos. En las pp. 9-11 se listan otros estudios cuyo plan o protocolo ya ha presentado Pfizer (uno de ellos sobre embarazadas) y cuyos informes finales se presentarán en el 2023, el 2024 y (el de las embarazadas) el 31 de diciembre del 2025. Varios pasajes de la carta están tachados en la versión publicada en internet, entre ellos uno sobre la caducidad del producto.

En Europa algunos, dirigiendo sus admirados ojos al Nuevo Mundo, se preguntan para cuándo la aprobación total europea. Que no teman: la aprobarán, la aprobarán más pronto que tarde, las aprobarán todas y para todos: jóvenes y viejos, niños, embarazadas y recién nacidos, con tercera dosis y con cuarta y las que hagan falta. Y con la vacuna, el pasaporte. Y con el pasaporte, el delirio del ideal del saber digital del ser y posición de cada partícula social en todo momento, de la identificación «en tiempo real» de todo peligro y su eliminación inmediata. El delirio que nunca se podrá cumplir pero que en el intento de cumplimiento arrasa todo lo que se ponga por delante.

Si nada lo remedia. Si no lo remediamos nosotros negándonos a obedecer más a su falsa pandemia.


NOTAS

[1] Sobre la trampa que supone este cambio de nombre, y las distinciones pluscuanteológicas que conlleva entre la antigua Pfizer y la nueva Comirnaty, que son la misma y no la misma, quien tenga tiempo y las entendederas lo suficientemente sutiles, puede leer el documento oficial de la FDA al respecto. Dos críticas en «2 cosas que los principales medios no dicen sobre la aprobación de la vacuna de Pfizer por parte de la FDA», Trikooba.com, 25/8/2021, y Jon Rappoport, «Did FDA really approve the Pfizer COVID vaccine? Wait. What?», blog.nomorefakenews.com, 25/8/2021.

[2] Véase, sobre los datos de la aprobación, un artículo más reciente de P. Doshi en el BMJ. Y pueden mencionarse también las muchas pegas que a este respecto pusieron los miembros del Comité Asesor de Vacunas y Productos Biológicos Relacionados en la reunión previa a la concesión de la autorización por uso de emergencia, cuya transcripción se encuentra en este enlace.


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